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La Coctelera

MARIANA LA ALDEANA

14 Enero 2012

(394) NOCHEVIEJA PROBLEMÁTICA 2/2

 

¿Qué consecuencias puede provocar el que yo, una mujer mocita, pudorosa además de cincuentona, le diga a un hombre de tendencias tan libidinosas como el Gustavo que lo deseo?

 

Pues a mi parecer, teniendo en cuenta las circunstancias, y conociéndome como me conoce el Gustavo, mi presunta declaración no habría provocado ninguna consecuencia salvo las inevitables chuflas, chungas, mofas, pitorreos y befas. Y así habría sido sin duda si no va el JL y mete baza. Y lo hace no porque crea que está en posesión de la verdad, que va, sino por vengarse de la inocente inocentada que le hice el Día de los Inocentes. Él afirma que no, que no tuvo mala intención. Pero lo dice con una sonrisita sardónica que dificulta que le crea. Además, que si mis antecedentes me absuelven, los suyos lo condenan sin remisión ni excusa.

 

Ya os he contado (ver AQUÍ), que me vi obligada a ir a una Casa Rural para celebrar la Nochevieja y que la casa de rural tenía poco, entre otros motivos por lo confortable que era.

 

Confortable sí, sin duda, sobre todo en comparación con el frío exterior, pero tenía sus inconvenientes, siendo una de ellos la falta de cobertura para los telefonicos estos pequeños que se llevan a todas partes. Falta de cobertura agravada por la lógica saturación de líneas en Nochevieja.

 

Poco antes de la cena el Beltrán gritó que había señal y todos nos apresuramos a teclear en los telefonicos.

 

Llamé primero a los Curda. Puede hablar con el mayor unos minutos, desearle una buena noche y pedirle que trasmitiera mis mejores deseos a Margarita, la bruja del valle. Mientras esperaba a que se pusiera el menor de los Curda se cortó la comunicación.

 

Intenté repetir la llamada a los Curda pero no pude. Probé con el número del JL y enseguida escuché su voz al otro lado del telefonico.

 

Por si se cortaba enseguida, le di el mensaje con urgencia: JL, te llamo para decirte que te deseo una noche excelente y que tengas un felicísimo año nuevo.

 

Pudimos hablar unos minutos durante los que insistió en que saliera con él y el Gustavo por la noche, ofreciéndose a venir después de cenar a la casa rural para recogerme. Yo me negué, entre otras razones porque si aceptaba se iban a apuntar mis sobrinos al viaje de vuelta a Pamplona y mi hermano no me lo habría perdonado.

 

Después de colgar llamé al Gustavo. Tuve que marcar tres veces hasta que escuché su voz:

 

-¿Sí?

 

-Gustavo, que soy la Mariana

 

-¿Qué tal Mariana?

 

-Llamo para decir que te deseo...

 

Dada vuestra suspicacia, doy por cierto que ya habréis supuesto que fue precisamente tras decir esas palabras cuando  el teléfonico perdió la cobertura. Y que por más que intenté no pude volver a comunicarme con él esa noche.

 

Tenía claro que el cachondeo por lo ocurrido iba a perseguirme todo el año que entonces iba a empezar. Lo que no suponía es que cuando en plan jocoso el Gustavo le contó lo ocurrido al JL, este le hiciera sospechar que tal vez no fue un corte de señal telefónica sino un arrebato mío.

 

-¿Qué dices? -se sobresaltó el Gustavo.

 

-Pues que ella no me ha dicho nada pero por como te mira ya barruntaba algo -le dice todo serio el JL. E insiste en la cizaña- A mí ya me daba que pensar el que cada vez que me encontraba con la Mariana preguntara por ti... Las miradas que te echa... Que siempre se siente al lado tuyo... -lo que no es verdad porque no le lanzo ninguna clase de miradas y me siento donde me dejan sitio.

 

Que no sé que otras sandeces le dijo el JL. Sólo sé que aunque ya lo tengo hablado con el Gustavo, y este parece aceptar que todo fui un malentendido ocasionado por la saturación de las líneas telefónicas en Nochevieja, el caso es que todavía lo veo receloso hacia mí; No me habla con tanta confianza, se cohíbe de requebrarme como antes, no me invita a tantas picardías...

 

Y todo por culpa del JL, que el dice que no, pero para mí que ha obrado así como venganza hacia la inocentada que le hice el Día de los Inocentes. ¡Será capullo! Con perdón. Esta me la paga. ¡Vaya que si me la paga!

Tags: nochevieja

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12 Enero 2012

(393) NOCHEVIEJA PROBLEMÁTICA 1/2

 

Sabéis porque os lo he contado, que soy contraria a esa moda tan instaurada de ir para descansar a una Casa Rural.

 

Para empezar, las Casas Rurales, las auténticas casas rurales digo, tienen de descanso muy poco, que bien lo sé yo.

 

Quienes van a una Casa Rural para pasar por ejemplo un fin de semana, vuelven creyéndose imbuidos de bucolismo porque han escuchado un gallo o visto una vaca. Escuchado un gallo que muy bien podía ser una grabación porque ni locos lo visitan por el riesgo de pisar el fiemo que inevitablemente cubre el suelo del gallinero. Si visto una vaca, será vaca desnaturalizada, es decir, recién lavada, sin sus excrementos pegaos a los lados del rabo como acostumbran, estratégicamente colocada en un prado primorosamente segado... Y si los dueños de la Casa Rural permiten ordeñar a los domingueros será porque la vaca es tonta, o la tienen drogada, que una vaca en su sano juicio no se priva de cocear en cuando nota que un pardillo le estruja sin conocimiento los pezones.

 

Vamos, que si quiero ir a una Casa Rural me voy a una de verdad, es decir a la mía del Pueblo, que ni luz tiene pero tampoco espabilados que intenten pasarme gato por liebre.

 

Pues aun y toda mi animadversión hacia las Casa Rurales de engañifa, esta Nochevieja me han obligado a cenar en una de ellas. La razón esgrimida por mi hermano el Beltrán es que con la muerte tan reciente de Madre, si la celebrásemos en casa íbamos a terminar llorando porque todo nos recordaría a ella.

 

Estoy convencida de que fue esa la razón principal, claro que sí, pero también de que  en la decisión de mi hermano influyó el que cenando en una Casa Rural impedía a sus hijos sumergirse en tan desmadrada noche como es la de final de año en Pamplona.

 

La Casa Rural no me defraudó pues en nada se parecía a las casa de mi valle. Era más un hotel que una casa de pueblo: Ni una brizna de paja por el suelo; las paredes de madera brillante; olor de ambientador; radiadores calientes en todas las habitaciones; ninguna tela de araña en los rincones... Y sí, a los urbanitas os digo que sí, que en todas las casas auténticamente rurales que conozco, que no son pocas, respetamos mucho a las arañas y sus telas porque actúan como excelentes insecticidas.

CONTINUARÁ.

Tags: nochevieja

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9 Enero 2012

(392) INOCENTE INOCENTADA.

 

Sé que os había prometido contar lo que me ocurrió en Nochevieja, pero todo santo tiene tu víspera y la víspera de lo ocurrido en Nochevieja, por muy mucho que el JL lo niegue, es lo que a continuación os detallo.

 

Soy mujer sencilla de ideas simples. Que si tengo un disfraz, el de adalisca que me trajeron de su viaje de novios el Beltrán y la Ro, para qué voy a cambiar o comprar otro; Un disfraz de lo más cómodo, que si me lo ponía en fiestas de pueblo que suelen celebrarse en verano, pues que por el calor, con ir debajo con sólo la ropa interior bastaba, que si lucirlo en la habitualmente gélida Nochevieja pamplonesa, pues que podría ponerme por debajo varios jarseises. Incluso si me apuráis hasta un abrigo

 

Igualmente pasa con el día de los Inocentes, que yo tengo una broma que funciona, y si funciona, ¿para qué cambiarla?

 

Mi broma es sencilla. Para crearla basta con un imperdible, una goma y un botón, pero efectiva, que a cambio de hacerla bien, el resultado es de muchas risas.

 

Con el imperdible hay que hacer una "U" y enganchar la goma tras introducir en ella el botón. Os he puesto una foto para aclarar lo dicho.

 

Ya creado el ingenio, se gira el botón para que se tensione la goma, y se envuelve con cuidado en un papel, de forma que cuando el embromado lo desenvuelva salte el ingenio asustando al embromado.

 

En el papel envoltorio escribo por dentro la palabra Inocente, el nombre de a quien está dirigida la broma, y el mío como firma, que parte de la gracia está en que se sepa que yo soy la autora de la inocentada.

 

Por fuera escribo "Skorpio". No escorpión porque resultaría demasiado obvio; Creo que al leer Skorpio la consciencia no asimila el riesgo al abrir el paquete, pero sí el subconsciente, por lo que el susto es mayor. Es mi pensar.

 

La experiencia me ha enseñado que no se debe dar el paquete en mano, sobre todo si es el Día de los Inocentes porque la gente sospecha. Es mejor meterlo disimuladamente en el bolsillo del embromado, lo que no es difícil si lleva chaqueta o abrigo, o dejarlo en el suelo para que lo encuentre.

 

El día de los Inocentes, coincidí con el JL en la cafetería Koppo y metí el artefacto en el bolsillo del chaquetón cuando él lo dejó sobre una silla.

 

Puede parecer que lo tenía todo bajo control, pero no, que no había previsto que el JL abriera el paquete mientras iba de copiloto en el coche con un amigo, y que pegara tal respingo con su correspondiente grito al abrir el paquete que asustó al conductor y casi tienen un accidente.

 

El JL me llamó por teléfono de inmediato. Y me llamó de todo.

 

No me sirvieron de nada mis razonamientos ni excusas, y al poco me vi hablando sola porque el JL había colgado.

 

Quince minutos después volvió a llamarme el JL, esta vez para pedirme perdón por la anterior conversación. Se disculpó diciendo que me había llamado en un arrebato todavía con el miedo en el cuerpo. Miedo por el casi accidente, me precisó. Y hasta me felicita por la broma, que es muy buena, reconoce.

 

Creía que el incidente había acabado de esa forma, pero no, que el JL me la tenía guardada, y se la cobró el día de Nochevieja.

 

Pero eso es para otro artículo.

Tags: inocentada

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8 Enero 2012

(391) LA PICARDÍA DEL GUSTAVO.

 

Gustavo es el dueño de un comercio de lencería fina.

 

Había trabajado como contratista de obra, pero al enviudar lo dejó para llevar la tienda que hasta entonces fue de su esposa: "Lencería Sofía".

 

No tardó en percatarse que un hombre no es la persona más indicada para vender esos artículos, que las mujeres se sentían cohibidas si las atendía él, que siendo homosexual aún, pero que no, que es un hombre alto, me sacará más de dos cuartas, de esos con corbata pero también pendiente a pesar de sus más de cincuenta años, coletita canosa, bigote recortado, mirada lasciva que incomoda porque no se priva de examinarte sin recato... Lo que no impide que también tenga barriga incipiente y una raja de culo que mostraba cada vez que se agachaba para sacar una prenda de un cajón inferior, y que para más escarnio recibía a las clientas con un, por ejemplo: "Dime guapa con qué piensas decorar ese cuerpo". Comentarios que en la obra no digo que no, pero en una tienda fina como "Lencería Sofía"...

 

Se dio cuenta de que el comercio se resentía, y como tonto no es, encontró la solución contratando a dos dependientas y llevando el negocio desde un bar cercano, casualmente Cafetería Koppo a la que soy asidua. Así lo conocí.

 

Bueno, lo conocí cuando un día estaba tomándome un café con leche y escuché a mi lado:

 

-¿Ves? Maricón no soy, que veo un monumento como este y me sulibeyo.

 

En un acto reflejo me giré y vi al tal Gustavo que hablaba con un camarero mientras me miraban fijamente.

 

-Es que Mariana está de muy buen ver -afirmó el camarero sonriendo.

 

-¿Te llamas Mariana? Pues encantado. Yo soy Gustavo, el de "Lencería Sofía". Que pa lo que quieras, eh, que m´han llegao unos bodys que están gritando tu nombre y que por el precio no ha de ser.

 

A partir de ahí hicimos amistad, una amistad golfa, que él me requiebra y yo me enfado pero poco, que como además me invita a cafés con leche y picardía...

 

-Échale bien de picardía -le dice al camarero.

 

Y el camarero me echa un chorretón de Bailéys al café.

 

-Venga, ¿otro café con picardía?

 

-No, que llevo tres.

 

-Pues ponle a la señorita un picardía con hielo.

 

Y claro, así, bebiendo picardías, escucho sus requiebros haciéndome la ofendida pero sin perderme sílaba.

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6 Enero 2012

(390) RESUCITANDO.

 Hoy día de los Reyes Magos por fin he encontrado fuerzas para resucitar.

 

No han sido buenos los últimos tiempos, y si he de resaltar algo de entre lo malo, diría que lo peor fue la muerte de Madre.

 

Madre, un día como otros muchos se durmió después de comer frente a la televisión. La diferencia es que en esa ocasión no despertó.

 

Justo había probado un poco del puré de verduras que le habíamos preparado.

 

Se quejaba del estómago y lo achacaba a la morcilla que comió dos días antes. No le dolía. Era, decía, una molesta sensación como de continua necesidad de ir al baño, e iba cada poco, pero sin ningún resultado.

 

Madre se durmió en su sillón frente a la televisión.

 

Y no despertó.

 

Por otra parte, ahora uso una muleta. Llevaba tiempo con molestias en una pierna, pero a pesar de que la familia me urgía a que fuera al médico, no les hacía caso. El día que murió Madre fue de tanto ajetreo que se me resintió la pierna y tuve que echar mano de la muleta de Madre para poder estar presente en su funeral. Seguí sin ir al médico hasta la Ro y el Beltrán me dieron un ultimátum, O vas o te llevamos. Y fui el trece, y martes, del mes pasado. Ahora estoy esperando a que me dé hora el especialista.

 

No he contestado a vuestros correos. Primero por falta de fuerzas; mañana sin falta. Después porque, como iba a publicar enseguida, me decía, planeaba escribir aquí antes de hacerlo; tengo en borradores no menos de veinte artículos que no he publicado porque a todos les faltaba una última revisión.

 

Llegó un momento en que me avergonzaba tanto el no corresponderos que hasta dejé de pasar tanto por la Coctelera como por mi correo; la política del avestruz creo que le dicen.

 

Durante este tiempo no he estado ociosa, y con los artículos que tenía escritos he completado una novela que si queréis, y como regalo de Reyes, os ofrezco; no tenéis más que pedírmela para que os la haga llegar por correo.

 

Ya he enviado la novela a varias editoriales. Ahora no me queda sino esperar respuestas.

 

Espero que sepáis disculpar mi ausencia, y si hace falta, me acojo a que son fechas de Paz y Amor para reclamar dicho perdón.

 

Me despido por ahora deseándoos lo mejor para este año recién empezado.

 

Mariana, sí, yo, la Aldeana.

 

Pd. Tengo tanto que contaros... Lo haré en breve.

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12 Abril 2011

(389) MIS ALMUERZOS EN EL KOPPO.

Todos los días quedo con el Gustavo y el JL en la cafetería Koppo después de la una y media que es cuando ellos cierran sus tiendas.

Yo procuro terminar mis labores antes de la una para almorzar tranquilamente sentada mientras leo el periódico y cotilleo con los camareros y cocineros.

Advierto que en Navarra, almuerzo se llama a un piscolabis entre el desayuno y la comida, y lo advierto porque sé que en algún lugar de España se dice almuerzo a lo que aquí decimos comer, que ya son ganas de enredar. Vamos, digo yo.

En mis almuerzos del Koppo me solía tomar un café con leche y un frito, una pasta o un pincho de tortilla de patata. Un día que no me decidía, el encargado me dijo que me sentara en la mesa, que él me traía algo.

-¿Qué?

-Sorpresa.

Y fue sorpresa. Me trajo una hamburguesa con lechuga, patatas fritas, pimientos del piquillo… Un plato no sólo delicioso sino que también muy bonito.

Entré a dar las gracias a la cocinera, y esta me contestó que cuando quisiera algo especial no tenía más que pedirlo.

-Pues soy capaz de pedirlo todos los días.

-Pues pídelo.

Y lo pedí. Y sigo pidiéndolo desde sería noviembre del año pasado cuando me lo dijo hasta este mismo mediodía.

Esta costumbre que he cogido me ha traído algún problema, sobre todo con la Ro, que en un principio se enfadaba porque no comía en casa, y es que después de lo que me sacan en la Cafetería/Restaurante Koppo acabo sin hambre.

Al realizar este artículo que os prometí sobre mis almuerzos en el Koppo, me he encontrado con el problema de las fotos, ¿pongo unas pocas o muchas? Al final me he decidido hacer un vídeo que espero os guste.

A quienes estéis en plena operación bikini, lo siento, de verdad. No me lo tengáis en cuenta.

 

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7 Abril 2011

(388) CELOS.

Lo que voy a contar es un sueño que tuve hace unos días protagonizado por dos parejas; una de ellas yo y un amigo que en el sueño es mi compañero sentimental. El sueño no me dejó recuerdo de su físico, pero deduzco por sensaciones que es un amigo de mi juventud.

Puntualizo por lo que pueda parecer, que ese amigo no tiene ninguna influencia en mi vida, ni siquiera para provocarme la menor sensación cuanto menos sentimiento, a no ser buenos recuerdos y mis mejores deseos de que tenga una buena vida.

Me importa que alguien crea que intento simular indiferencia hacia una persona importante para mí, y me importa porque quien así lo crea se perderá el meollo de este artículo.

Voy a relataros el sueño:

Salimos dos parejas de viaje hacia un país cálido.

Nada más llegar, yo me voy a buscar un recuerdo que debía ser difícil de encontrar porque utilicé dos días en el intento.

Al volver al hotel me meto en la habitación y me duermo. Despierto por unos gritos que me parecen agresivos, y cubriendo mi cuerpo desnudo con una sábana me dirijo a otra habitación donde encuentro a mi amigo con varias personas entre ellas la otra pareja.

Lo que veo me hace sospechar que mi pareja tiene una intimidad sospechosa con una de las mujeres que estaban en la habitación, y con esa sensación me retiro a mi habitación.

Ya en la habitación me doy cuenta de que la sábana se me había caído dejando al descubierto un cuerpo, el mío en el sueño, perfecto. Y por lucirlo de nuevo, simulo un arrebato, y vuelvo desnuda a la habitación donde estaba mi pareja gritándole que lo sé todo, que no me tome por tonta.

Mi pareja me confiesa que se ha besado con la mujer que despertó mis sospechas.

-¿Sólo besado? –pregunto.

-Bueno, además de alguna caricia.

-¿Sólo?

-Sólo.

Con esa información me encierro en la habitación.

E imagino lo confesado por mi pareja, surgiendo celos en oleadas imparables. Como un maremoto que erosionara mi autoestima.

Al poco desperté trayéndome del sueño el puyazo de los celos.

Ya desvelada, siendo consciente de que todo había sido una fantasía onírica, me sorprendí por no tomar la decisión de alejarme de esa sensación, sino por el contrario, de recrearme perversamente en los celos, como si en no obviarlos me fuera la dignidad.

Insistía al principio de este artículo en pediros que no dierais importancia a la persona que representaba ser mi pareja en el sueño, e insistía porque la impresión que me ha quedado es que en los celos que sufrí esa noche, lo menos importante era "el otro", que lo importante y protagonista era el orgullo y mi relación con él.

De esta experiencia deduzco que sería muy capaz de soportar una infidelidad sin que mi pareja sepa que yo lo sé. Si mi pareja sabe que lo sé, y he aquí lo inquietante, lo fundamental sería la forma de encarar la situación sin que mi dignidad se viera afectada. Osease, que lo peor de los celos es que pone en tela de juicio nuestro orgullo obligándonos a restituirlo; la forma de hacerlo puede ser crucial porque tengo la impresión de que no sería aceptable medias tintas.

Yo, mocita sin más amores que los secretos incluso para quienes amé, no conocía los celos, y me he sentido enfangada al sentirlos, porque, os aseguro, no por fantaseados han sido menos realesy corrosivos. Incluso me siento sucia al recordarlos.

 

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3 Abril 2011

(387) TRATANDO SOBRE PERROS.

El último artículo de la kilifa me ha hecho recordar los tiempos en los que tuve perro. Los tiempos en los que tuve mi último perro, para ser más exactos. Se llamaba Yuk, como muchos de sus predecesores.

Yuk fue recibido con suspicacia en el edificio de mi casa de Pamplona porque era el único y primer perro que iba a habitar ahí. Tanta suspicacia que siendo cachorro, cuando lo encontré abandonado y torturado, varios vecinos me hicieron ver su miedo a que ladrara, o se convirtiera en un animal conflictivo… Todos valoraban la comodidad de un edificio sin animales y temían que el nuevo huésped rompiera esa paz.

Yuk, de raza Akita, se convirtió, como no puede ser de otra manera dado la dueña que tenía, yo, una persona habituada a tratar con animales, en un perro tranquilo, educado y equilibrado, tanto que con el tiempo se ganó el corazón de todos los vecinos, y la sana envidia de alguno.

No fueron pocas las veces que tuve esta o similar conversación mientras subíamos Yuk y yo en el ascensor:

-¡Que perro tan bonito! –decía él o ella, el vecino a partir de ahora.

-Pues sí, antes hasta me volvía cuando escuchaba por la calle ¡que bonitos ojos! Pero ya he aprendido que siempre se refieren a los del perro –contestaba yo que ya estaba harta de que Yuk con sus claros ojos azules enmarcados en negro me arrebatara todo protagonismo.

-Y que tranquilo es. No se le oye ni un ladrido –seguía alabando el vecino.

-En absoluto, y si alguna vez le escucháis algo, la culpable soy yo porque seguro que lo estoy incordiando.

-Mi hija subió con vosotros el otro día en el ascensor y me vino diciendo que quería un perro.

-Pensároslo bien –contestaba. –Un perro da mucho trabajo. No sólo hay que pasearlo varias veces todos los días, educarlo, recoger sus heces, darle de comer, llevarlo al veterinario… Además hay que pensar en su bienestar. Un perro es uno más de la familia. Un perro ata mucho. No tiene botón para parar. Un cachorro es adorable, pero crecen y se convierten en animales maduros con sus necesidades. Un perro puede ser un engorro cuando llegan las vacaciones o si se va de fin de semana a algún sitio porque no siempre se puede encontrar donde admitan animales. Y se ponen enfermos como las personas. Los perros no son sólo animales adorables. Este por ejemplo, no es sólo un precioso animal, además encontraréis pocos tan dóciles, pero por su raza se le cae el pelo hasta el extremo de que con lo que recojo podría haberme hecho más de un chaqueta. Tengo la casa llena de pelos. ¡Hasta yo estoy llena de sus pelos. A mí me compensa, pero antes de coger un perro hay que tener en cuenta no sólo lo bonitos que son sino en lo que se van a convertir y que hay que cubrir sus necesidades físicas y emocionales.

-Tienes razón –respondía el vecino pensativo.

El resultado es que ninguno de quienes me hicieron ver su intención de comprar un perro lo hizo. No sé si fui demasiado dura con mis juicios, pero estoy convencida de que si de verdad querían tener un perro, mis comentarios no los hubieran hecho desistir sino más bien ilustrado sobre lo que representa sumar un perro a la familia.

Los cachorros son todos adorables, con excepciones como los ratones o palomas, y precisamente la naturaleza los hace así para provocar empatía. ¿Quién no se llevaría a casa un cachorro de león, tigre, burro, gorila, incluso hiena o facochero. ¡Si hasta los dragones de Komodo son una monada de recién nacidos! Pero crecen. Todos los cachorros crecen. Los perros también. Quien acoja un perro en su casa se tiene que poner en lo peor. No en lo que es sino en lo que será. A muchos nos compensa, aunque no a todos. Pero a todos hay que intentar quitarles las ganas de tener un perro. Así, quien supere la prueba sabrá a que atenerse, se lo pensará dos veces antes de ceder a un capricho o impulso pasajero, y dejará de haber tanto perro abandonado.

La perra que ha adoptado la Kili ha tenido suerte, y mi último Yuk también, pero muchos perros abandonados mueren de hambre, sed, tristeza, atropellados, o ajusticiados en una perrera.

Si vas a tener un perro, piénsatelo dos veces. Mejor tres. Y ponte en lo peor antes de decidirte.

Tags: yuk, perros

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MARIANA LA ALDEANA

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Me dicen la Mariana, y hasta que las circunstancias obligaron a trasladarme a casa de mi hermano en Pamplona, vivía feliz con Madre en un pueblo del que terminamos siendo sus únicas habitantes. Mi sobrina la Luzi me aconsejó que para no aburrirme escribiera esta bitácora, y aunque al principio no estaba muy convencida, he terminado enganchada a esto. ¡Que inventos! Ah, el diecisiete de Febrero vuelvo a cumplir mis cincuenta años... y sigo mocita. Autor: Julio Luis Ezpeleta

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