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La Coctelera

MARIANA LA ALDEANA

19 Diciembre 2007

(23) ¡AY SI ALGUIEN SE ENTERA! I

He pedido a Mikel que se gane la paga enseñándome a utilizar un buscador.

-Mira, pulsas con el cursor en “Favoritos”, luego te desliiiiizas hacia abajo, y cuando llegues a “Buscador” tuerces para este lado y le das a donde pone Google.

Lo había entendido a la primera, pero la flechica que se mueve por la pantalla tenía más nervio que una chuleta en casa de pobre y no atinaba.

-Dale aquí –me señalaba Mikel con el dedo-. Sigue, sigue, venga que vas bien.... Desliiiizate. Bien, ahora para el lado. Venga que lo tienes. ¡Casi! Te has vuelto a salir. Empezando desde el principio.

Y se reía burlón.

-¡Que sí! –he terminado por contestarle. -Que ya lo he entendido. Pero la puñetera flechica está de que no. Y encima tú me pones más nerviosa. Que´sque no callas, canso. Que´squeres un canso.

-Vale, vale. Mira, yo me tiro aquí en la cama y no abro la boca hasta que tú me digas.

-Échate, sí.

Se tiró Mikel a plomo en la cama de su hermana, y sin su verborrea no tardó en aparecer en la pantalla un colorido “GOOGLE ESPAÑA”.

Cerré la ventana y volví a repetir todos los pasos. Varias veces, hasta que pude completar el proceso con cierta fluidez.

Me volví para pavonearme ante Mikel, pero estaba dormido.

Sonriendo y poniendo morritos. ¿Qué soñaría?

No me reprimí. Me agaché y le di un beso en la frente.

Al retirarme...

¿Qué es eso? Estaba pegado a su cuerpo. Seguramente se le cayó cuando se arrojó a la cama. Era sin duda un cigarrillo. Pero un cigarrillo raro.

Para mí que esto es un porro. ¿No?

Lo cogí. Huí hacia mi habitación y lo mantuve en la mano, observándolo mientras escucho a Madre hacer reír a Peque en la cocina.

Estaba asustada. ¿Por qué había cogido el porro?

Quizás la respuesta esté en mi adolescencia.

Recuerdo una por una a las diecisiete amigas que formaban mi cuadrilla de adolescente; Tres éramos del Pueblo, el resto de otros pueblos cercanos.

Un hermano de Rosita, la menor de casa Témporas, hizo el servicio militar en Regulares. Cuando vino de permiso trajo hachís, y Rosita se las apañó para despistarle un trozo.

Casi toda la cuadrilla lo probó. Las únicas que no lo hicimos fuimos Olga la del Reniego y yo. La del Reniego por pusilánime. Yo, por unas fiebres que me dejaron en cama el fin de semana que lo fumaron.

Y durante meses me sentí discriminada porque no hablaban sino del hachís y sus efectos.

-¿Te acuerdas que risas? –se decían unas a otras.

Yo, que remedio, a callar. ¡Rabiando!

Ahora soy yo quien tiene un porro. ¡Y no sé que hacer con él!

Pensé que seguramente Mikel no habría despertado, y que estaba a tiempo de dejar el porro donde lo encontré para evitarme problemas.

Pero no lo devolví. En vez de hacerlo, fui decidida a la habitación de la Luzi donde Mikel seguía poniendo morritos en sueños.

Necesitaba fabricarme una coartada.

Me siento frente al ordenador, respiro dos veces profundamente, me giro hacia la cama... Y grito:

-¡Ya está! ¡Mira...! Ah, perdona, no sabía que estabas dormido –me excuso ante Mikel que mira sorprendido con ojos de chino.

-¿Qué?

-Que ya estoy en el Google. ¡Mira!

-¿Ah sí?

-¿Quieres que lo dejemos por hoy? –le pregunto-. Pareces cansado.

-Sí. Sí. Gracias. Mañana seguimos.

-Pero lo he hecho. ¿Ves?

-¡Que sí!

Volví a mi cuarto y nerviosa busqué hasta encontrar el lugar perfecto donde ocultar el porro; el interior del lomo de uno de mis libros más gruesos.

Antes de esconderlo, lo mantengo sobre mi mano. Lo miro. Si le fumo unas caladas, lo que no está decidido, deberé tener mucho cuidado.

-Pero, ¿estoy loca o qué? Casi cincuenta años y jugando con porros –me riño muy seria.

¡Ay Dios mío si alguien se entera!

Y me entra la risa.

servido por Mariana 7 comentarios compártelo

7 comentarios · Escribe aquí tu comentario

tumbaita

tumbaita dijo

Fumatelo. No pasa nada. No es una droga que engancha, es como el café, que aunque gusta, en no queriendo, se puede prescindir de el, no te dá el mono. Yo lo he provado más de una vez y te pone más alegre. No es como el alcohol que es muy peligroso el enganche, ni las demás drogas sintéticas, que dejan a la gente pá el arrastre. Ya te digo, como el café, son matas. La cafeina dá nervios, y el hachis te invita al cachondeo. No abuses. fumate ese. Y ya sabras así lo que es fumarte un may, saludos, que te aproveche.

20 Diciembre 2007 | 02:29 PM

marianalaaldeana

marianalaaldeana dijo

¿Se llama may a eso que he fumao?

La verdad es que no estaba malo, no. Un poco de mareo sí que me dio, pero al final hasta del mareo se disfruté.

Gracias por tus consejos.

Estoy recomponiendo esta bitácora, que el artículo este está escrito hará sobre un año. Si sigues pasando por aquí verás que en esto del porro han terminado pervirtiéndome.

Un beso.

20 Diciembre 2007 | 06:45 PM

Marta

Marta dijo

Mariana, ya empezamos...mira que de aquí a "lo otro" hay un paso. (La costumbre, ya sabes, me sale el piloto automático moralista aún cuando estoy "fuera de servicio").

Mira, si a estas edades, yo soy un poco, solo un poco más joven que tu, no nos damos algún alegrón pá l cuerpo, de vez en cuando...¿cuando lo vamos a hacer?. Animate mujer, que yo te guardo el secreto.

Un besazo

20 Diciembre 2007 | 08:29 PM

marianalaaldeana

marianalaaldeana dijo

Marta, te voy a nombrar mi Pepita Grilla.

Y que tienes razón, claro que sí, que no viene mal un alegrón pa´l cuerpo. Pero es que yo le he dado tan pocos que seguro lo tengo desentrenado.

Además... Joe, a mis años y con estas porquerías. Si se enteran en la familia me destierran al pueblo. Seguro.

Un besazo con abrazo, riquiña.

21 Diciembre 2007 | 12:16 PM

ornitomono

ornitomono dijo

todo con cierta mesura y autocontrol es bueno...cuando la droga te controla a tí es cuando empieza a ser malo...

15 Enero 2008 | 09:50 PM

ornitomono

ornitomono dijo

no te chives ehhhhhhhhh

15 Enero 2008 | 09:51 PM

marianalaaldeana

marianalaaldeana dijo

Que no me chivé, ornitonomo, jeje, esa vez lo dejé pasar.

Lo que no dejé pasar fue eso que dices que con control es bueno.

Un beso.

15 Enero 2008 | 10:20 PM

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MARIANA LA ALDEANA

Pamplona, España
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Me dicen la Mariana, y hasta que las circunstancias obligaron a trasladarme a casa de mi hermano en Pamplona, vivía feliz con Madre en un pueblo del que terminamos siendo sus únicas habitantes. Mi sobrina la Luzi me aconsejó que para no aburrirme escribiera esta bitácora, y aunque al principio no estaba muy convencida, he terminado enganchada a esto. ¡Que inventos! Ah, el diecisiete de Febrero vuelvo a cumplir mis cincuenta años... y sigo mocita. Autor: Julio Luis Ezpeleta

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