(51) UNA DE ESAS COSAS IRRACIONALES QUE HACEMOS LAS MUJERES.
Se me ha antojado depilarme, pero no una depilación normal, sino de paso hacerme también las ingles. Algo irracional, lo sé, que ni intención tengo de sacarle provecho.
¡Hacerse las ingles! Esas tres palabras me traen ecos de aventura, ecos de una mujer necesitada de tener esa zona en perfecto estado porque siempre existe la posibilidad de lucirla. Ecos de una mujer que no soy yo sino su contraria, y que a veces, sólo a veces, admiro e incluso fantaseo con serlo.
Eso de querer hacerme las ingles puede compararse a la atracción fatal que sufrí hacia unas preciosas braguitas color champaña de encaje y tejido viscoso que se pavoneaban en un escaparate ante el que paso cada vez que voy a la tienda para la que trabajo.
¿Para qué quiero esas braguitas si sólo podré disfrutarlas yo mirándome al espejo, algo que no acostumbro a hacer?
(No puedo concentrarme en la escritura, que la Luzi va recorriendo el pasillo cantando machaconamente “Jaime, Jaime, Jaime, jamás podré olvidarte...” con música de una canción antigua a la que ha cambiado el nombre de a quien está dedicada. Sólo debe conocer esta estrofa porque no pasa de ella).
Así que ayer fui con Ro a un salón de belleza donde aprendí que ciertas fantasías es mejor dejarlas en eso, en fantasía, porque si bien es verdad que ningún quejido salió de mi boca, sí que cerraba con fuerza los puños cada vez que la modernilla con pelo al uno teñido de añil me arrancaba los pelos de tan delicada zona, provocándome un dolor que no nacía de la piel sino de varios centímetros por debajo de ella.
-Jaime, Jaime, Jaime....
-¡Te quieres callar de una vez! –grito a la Luzi.
-...Jamás podré olvidarte.
Y se va haciendo sonidos de beso.
Al salir del salón de belleza iba avergonzada por la calle, que como tenía tan delicada zona dolorida andaba con las piernas un poco abiertas y creía que quien me viese sabría lo que me acababa de hacer: Las ingles.
-Tia Mariana, te pondrás muy guapa para la nochevieja, ¿no? –me pregunta Mikel asomando su cabeza en la habitación.
-¿No estoy guapa siempre? –intento desviar la conversación.
-Bueno, sí, bien, pero en Nochevieja más, ¿no?
-Venga, que tengo cosas que hacer, no seáis cansos.
Estan así de pelmas desde antesdeayer que Beltrán comentó, con aire pícaro, que un amigo suyo muy majo se ha interesado por mí, y que como está solo, lo ha invitado a que en Nochevieja cene con nosotros en casa.
¡Hasta la Luzi se ha atevido a regalarme un preservativo delante de todos! Lo que, por cierto, a su padre no le hizo demasiada gracia.
No tengo otra referencia de Jaime sino la felicitación de mal gusto (ver AQUÍ) que envió a mi hermano, pero no necesito más datos para saber que no va a ser santo de mi devoción.
-Jaime, Jaime, Jaime, jamás podré olvidarte –vuelve la cría a su tabarra.
¡Ah! Las braguitas con las íngles hechas me quedan monísimas.







seablue dijo
jajajajajaja ¿Ves a lo que me refiero con "mis gritos"??? juas juas juas
Me alegró tu visita a mi blog y quise corresponderte.
Visita otro salón de belleza, creo que no tuviste suerte jejejeje
Feliz día.
29 Diciembre 2007 | 05:10 PM