(64) LA TORTILLA DE LOS REYES MAGOS 4/4
-¿La garrota? –preguntó como saludo el mayor de los Curda cuando me vio aparecer en su cocina.
-Aquí la tienes. Pero no l´as de usar.
Como respuesta murmuró algo que no me esforcé en entender, ocupada como estaba buscando por los armarios.
-¿Y el aceite?
-¿Pa qué quieres aceite? –me preguntó
-Pa´cer la tortilla. ¿Pa qué sino?
-Tú no me has dicho nada de aceite.
Esa mañana, cuando nos hemos visto donde para el autobús, le he dicho los ingredientes que necesitaba para la tortilla, pero aunque no recordaba si había nombrado el aceite, ¿es preciso aclarar que para hacer una tortilla es imprescindible aceite? Claro que, hablando de hombres...
-¿Que no tenéis aceite?
-Pues no. Lo acabamos hace un tiempo y no hemos repuesto. De vez en cuando vamos a casa Renata a pedirle un poco. Pa las ensaladas y cosas de esas.
-Pues ya´stas corriendo pa la Renata.
-¿No puedes ir tú?
-¡No! –respondo tajante.
-Entonces esperamos a que venga el hermano y que vaya él, que con lo agustico que´stoy, hasta pensaba sacarme un vinico. ¿Me acercas esa botella?
-¿Cuándo va a llegar tu hermano? –pregunto sin moverme.
-¡Qué sé yo!
-Y, ¿seguro que va a venir?
-Pues seguro, seguro... Que éste, en andando de fornicio...
-Entonces corre a casa Renata o te quedas sin tortilla.
-¿No la puedes hacer sin aceite?
Le bastó una de mis miradas para que sin decir palabra saliera de la cocina, volviendo a los pocos minutos con un vaso mediado de aceite y una sonrisa.
-No te quejarás, ¡eh! Aceite que pides, aceite que tienes.
-No me toques las narices.
El secreto de mi tortilla especial consiste en freír los ingredientes por separado. Empiezo con dos dientes de ajo que aromatiza el aceite, ajo que, hecha su labor, tiro a la basura; después la cebolla, mejor de más que de menos, el pimiento verde, y por último, a fuego muy muy lento, las patatas para que absorban el sabor. Ingredientes a poder ser cogidos personalmente de la huerta.
Estaba de los nervios, que he perdido costumbre con la cocina de leña y no me satisfacían plenamente los resultados.

Sólo me faltaba preparar los huevos, y para ello bato a conciencia y por separado las yemas hasta que quedan melosas, las vierto sobre...
-¿Dónde está lo que he dejado aquí?
-Lo estaba probando –me dice el mayor de los Curda con la boca llena.
-¿Te has comido lo que he cocinado?
-Como no tenía con qué empujar este vinico... Pero que no he comido todo, ¡eh! Que entoavía queda –dice con descaro mostrándome sólo cebolla.
Noto mi respiración afectada, cierro con fuerza la mano que sujeta el plato con las yemas ya batidas, me contengo...
-No me te vas a enfadar por esto, ¿no? –sonríe.
Los Curda son así, y aunque en muchas ocasiones me cueste recordar las razones, es toda una vida de trato y les tengo cariño. Ya empezaba a calmarme cuando...
-Por cierto, pa mi gusto no me fríes bien las patatas.
No lo pensé, no tuve opción para decidir porque de repente me vi arrojando el plato con las yemas por la ventana. Acto con el que dejaba claro que no contase con que yo le iba a hacer la tortilla.
El pueblo no es como la ciudad que siempre hay gente por todas partes, y por delante de esa casa no transitan sino ellos, por lo que el grito era claro que debía provenir de uno de los Curda. En este caso, y por eliminación, del menor que entonces llegaba.
-¡Mecagüen tus tabas. Hijo de la gran puta! –no me ofendí, dando por cierto que culpaba al hermano del platazo recibido. -Que´sta vez no he vendido al Negro, que el chucho me s´ha escapao en llegando a Pamplona. Ni explicar dejas las cosas. Ahora subo a por ti.
Cogí el chaquetón y salí de la cocina decidida a irme de esa casa.
Me crucé con el menor de los Curda que subía por las escaleras con la cara amarilla de yema y una herida en la frente.
Furioso como estaba, no me vio hasta que lo frené.
-Tiene garrota –le dije. -Te aconsejo mango de azada.
-Gracias. Voy por ella.
-De nada –contesté; Que una, además de mocita es educada. –Ah, feliz año nuevo.
Disfrutando del paseo, caminé satisfecha hacia la parada del autobús.
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www-lacoctelera-com-inaki dijo
Ja, ja, si es que no hay nada como el espíritu navideño. Claro que es como para ponerse de los nervios, joder, si es que ya no hay respeto...Por cierto, probaré la receta. Tiene una pinta acojonante, de plato rico y elaborado con mimo. Gracias por compartirla y un besote.
Iñakito.
7 Enero 2008 | 12:04 PM