(71) DISCULPAS, EXPLICACIONES Y UNA INFUSIÓN DE MARIHUANA.
Os debo una disculpa.
Soy consciente de que el artículo que colgué ayer (ver AQUÍ), me habrá hecho perder a casi todos mis sufridos lectores. No me extraña ni tengo nada que objetar. Lo considero justo castigo a un artículo que nunca debía haber visto la luz. Mis condiciones no eran las más adecuadas para escribir con coherencia, y sin embargo, esas mismas condiciones fueron las que me confundieron haciéndome creer lo contrario; ¡Que hasta me pareció gracioso! Y es que la droga es traicionera, ahora lo sé, y bajo su influjo se pueden cometer actos de los que te avergüences toda una vida.
Como escribir dicho artículo.
También os debo una explicación.
Al abrir el armario del salón donde guardamos material de costura, noté un olor extraño, dulzón, y buscando buscando, llegué hasta un costurero de cuero y nacar que habían traído Beltrán y Ro como recuerdo de su viaje de novios a Marruecos y que nunca se usa. Ahí encontré una bolsa de plástico que contenía hierba más apestosa que aromática. Alguién había considerado el lugar idóneo para guardarla.
Enseguida supuse que era marihuana, ¿por qué sino tan escondida? Pero, por cerciorarme, cogí un trozo del pringoso vegetal y fui en busca de Luis, el farmacéutico a quien he tomado confianza después de tanto comprarle medicinas para Madre. Y en un rincón, a salvo de ojos indiscretos...:
-Luis, dime, esto, ¿qué´s? –le pregunto.
-Pero, Mariana, ¿que haces tú con esto?
-Dime qué´s, por favor.
-Pues parece marihuana. Y por el pringue, de la buena. ¿De donde la has sacado? –se interesa mientras la huele.
-Una amiga, que la ha encontrado en la habitación de su hijo, y como no tenía a quién preguntar, pues aquí estoy yo, pasando un mal rato por hacer un favor -respondo de corrido, que me tenía preparada la respuesta.
-Ten cuidado –me advierte, creo que interesadamente, -que si te pillan con esto por la calle puedes encontrarte con un problema de los gordos. ¿Quieres que me deshaga yo de ella?
-No, se la tengo que devolver a mi amiga –miento.
Con la marihuana en el bolso, sorprendida porque creí intuir que el sistema con que el farmacéutico pensaba deshacerse de ella era la cremación-absorción, caminé hacia casa pensando qué hacer con la maldita hierba.
No podía callarme. Ya eran dos las veces que encontraba droga en casa (ver AQUÍ), y me supe obligada a comunicárselo a Beltrán y Ro. Si alguno de sus hijos se drogaba, tenían necesidad más que derecho a saberlo.
Por los precedentes, di por cierto que el culpable era Mikel, y hubiera preferido hablar antes con él, explicarle la imposición moral que me exigía delatarlo, pero soy débil, y si Mikel insistía demasiado, yo terminaría cediendo, manteniendo oculto un secreto que podía afectar al futuro de mi sobrino. ¡Y yo no quería cargar con semejante responsabilidad!
Durante una noche en vela, dándole vueltas al asunto, decidí que no me escondería. Si tenía que contarlo, lo haría delante de todos, no iría con secretismos a Beltrán y Ro. ¡Las cosas claras y a la cara!
Desperté nerviosa y creí buena idea lo de probar una infusión de Marihuana, pues pensaba actuar al mediodía y necesitaba tener controlados mis nervios.
Ya al mediodía, tuve el detalle de no estropearles la comida, pero cuando se iba a levantar el primero, que coincidió ser Mikel:
-Tengo que contaros algo.
Me vieron tan seria que todos callaron.
-¿Qué ocurre? –pregunta por fin Beltrán.
-He encontrado esto en casa –digo volcando sobre la mesa el contenido de la bolsa de Marihuana..
Ro da un respingo.
-¿Qué es eso? –pregunta.
-Marihuana. Seguro porque lo he preguntao.
-¿A quién l´has preguntao? –se alarma Beltrán.
-Al farmacéutico, pero tranquilo que l´he dicho que´s del hijo de una amiga.
La Luzi se ríe. Disfruta de la situación. Seguro que es inocente. Mikel se adorna con sonrisa sardónica.
Todos miran las hierbas, parecen esperar acontecimientos, y yo, quizás apoyada en la infusión de marihuana que todavía siento correr por mis venas, tomo la iniciativa.
-Esto es veneno, ¿sabéis? –dogmatizo mirando a mis sobrinos-. ¿Te acuerdas del Canillas, Beltrán, te acuerdas? Era amigo tuyo en el pueblo. Y buen chico. Un poco movido pero bien fino p´al trabajo. Y, ¿t´acuerdas como acabó por culpa de las drogas, te acuerdas? Hecho una mierda acabó, que pa andar se tenía que apoyar en las paredes, ¡con veinte años! Un roble de sano que había sido. ¿Vosotros queréis acabar así, como el Canillas? ¿Sabéis porque le llamábamos el Canillas? Porque de él quedó poco más que pellejo y hueso. Hasta que murió. ¡Con lo que había sido ese chaval! La droga es veneno. La droga mata. Ahora mismo la cojo toda y la tiro por el retrete.
-No –dice Ro.
-¿Qué?
-Que por el retrete no, que... lo ciegas. Y luego no veas pa pillar un fontanero –me explica.
-Tranquila que la tiraré de a pocos.
Tras deshacerme de la Marihuana, volví a la cocina donde Ro chillaba a sus hijos:
-Como me entere que fumáis un porro, una sola calada de porro..., juro que os meto internos a los dos.
-¡Que eso no era mío! –protesta la Luzi.
-Ni mía –interviene Mikel. –Puedo juraros que no la había visto en mi vida.
-Pues de alguien será, ¿no? Venga, a la habitación. Haceros a la idea de que estáis castigados. Ni televisión, ni amigos, ni plays ni leches. Y esto no ha de quedar así. ¿Entendido? ¡No quiero drogadictos en mi casa!
La Luzi y Mikel van enfadados a sus habitaciones, Madre al salón con el Peque, que empieza no sé qué en la televisión y no quiere perdérselo.
Ro me mira muy seria. Cierra la puerta de la cocina. Me vuelve a mirar:
-Idiota. ¡Era nuestra! -y explota en una carcajada que no puede acallar ni poniendo las manos sobre su boca.
-¿Vuestra? –me asombro.
-¡Y nos la ha tirado por el retrete! ¡Será cabrona! –exclama Beltrán muy serio, aunque pronto le nace una sonrisa abierta.
¡Que vergüenza pasé! De esta sí me mandan al pueblo.
¿Mi hermano y su mujer fuman marihuana? Ay Dios mío, supongo que no tardarán en darme explicaciones, pero mientras tanto, ¿qué pienso sobre ellos?
¡Y pobres críos!, lo que van a sufrir por mi culpa, que la única forma de mantener la impostura es ser firmes en el castigo, defienden sus padres.
Estoy tan arrepentida que pienso muy seriamente devolver a Beltrán y Ro la marihuana que me he guardado. Al menos, parte.







skpe dijo
Mariana no te sientas tan culpable y si eso ocurre jiji recure a otra infusión que era medicinal en otros tiempos jiji como la coca-cola jajajaja !!!
Un Achuchón...
11 Enero 2008 | 12:01 AM