(76) EL VIEJO Y SU HISTORIA: HOY, EL VIEJO.
Ya os he contado que, rebuscando entre papeles, encontré unas leyendas japonesas que me regaló la China para que pudiera contárselas a mis hijos.
No voy a tener hijos a quien contárselas y puede que sea yo la única en conocerlas, al menos en esta parte del mundo, así que os la cuento a vosotros, que una leyenda no compartida se amustia.
Empezaré con un viejo contador de cuentos. La primera parte se titula “EL VIEJO Y SU HISTORIA: HOY EL VIEJO”, y dice así:
El viejo Zing-fu-yo sólo recita una historia, y parece historia recordada más que aprendida porque cada vez que la entona cambia algún detalle que en absoluto la modifica.
El viejo Zing-fu-yo no juzga si es buena o mala, si gustará o no la historia que cuenta porque no tiene intención de suplirla.
El viejo Zing-fu-yo recorre las aldeas golpeando con su bordón de bambú la escudilla. Escudilla que terminará reflejando con precisión el pasado del lugar; si en algún momento hubo hambruna, la escudilla no se colmará aunque entonces reine la prosperidad; si guarda memoria de continuados buenos tiempos, puede que el viejo llene su estómago a pesar de que la sequía haya arrasado la última cosecha; si sufrió mentira, timo o robo de algún forastero, o si así se corrió por la aldea, él pagará las consecuencias, y procurará huir sin ruido porque sabe por experiencia que no tardará en verse utilizando la escudilla como protección ante una lluvia de piedras que en justicia no le corresponden.
El viejo Zing-fu-yo nunca vuelve a visitar la misma aldea; ellos conocen su única historia, él la de ellos.
El viejo Zing-fu-yo llegó un día a donde creyó poder acomodarse y plantó una ilusión que no floreció.
No era el sitio adecuado por mucho que él se hubiera empeñado en que lo fuera.
Cuentan que partió de madrugada, cabizbajo, concentrado en la historia que sus lagrimas iban dibujando sobre el fondo de la escudilla.
Otra historia que no contará.
Si lo veis, prestarle atención. No os arrepentiréis. En el peor de los casos sólo os costará un puñado de arroz.
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www-lacoctelera-com-inaki dijo
Qué hermosura, Mariana, bello de verdad. Da mucha pena visualizar la figura del viejo caminando de ciudad en ciudad. Lo volveré a releer. Un post estupendo. Beso.
Iñakito.
16 Enero 2008 | 01:47 PM