(82) CENA, PASEO Y CONVERSACIÓN SOBRE MARIHUANA.
Hay que reconocer que la cena que tuve el miércoles en una sociedad gastronómica con Beltrán, Ro, y su cuadrilla de amigos, fue un alarde culinario, una exaltación de la gastronomía rotunda, una pedorreta a la cocina de autor: chuletones gruesos y sangrantes; pan de aceite y ajo, jamón, mollejas de pato con hongos, boquerones, bogavante sobre cama de sabrosísimo ajoarriero, pimientos del piquillo, setas, pasteles, varios platos cuyos nombres me sonaron a francés y no recuerdo...

Para beber: vinos, cava, sorbete, licores, combinados... ¡Ah! Y café.
La gente al principio encantadora, pero alguno terminó desbarrando; entre sobre todo jotas y corridos, hubo quien se inclinaba por las canciones obscenas, y si le reían la gracia repetía feliz cuantas veces sus fans le animaban, que hasta le hacían los coros.

También hubo quien bailó encima de la silla, quién se dedicó a piropear a toda mujer que estaba dentro del campo de su acuosa mirada, una muy señora que discutió airada sobre si a los roba-setas, que así decimos a los guipuzcoanos, ellos a nosotros nos llaman mea-playas, era mejor cobrarles por las setas cogidas, como se ha hecho este año por primera vez en Navarra, o era preferible seguir con el ancestral rito de pincharles las cuatro ruedas en mitad del monte...
Terminamos tarde, que entrábamos en casa casi a las cuatro después de pasear contentos, ¿he escrito que el alcohol corrió sin medida, que a Ro y a mí nos sobraba el último pacharán, y que a Beltrán algo más que el último de lo que tomase?
Durante el paseo, me contaron Beltrán y Ro que todos los años, menos el pasado porque el Peque era muy bebé, la cuadrilla procuraba compaginar sus trabajos para cogerse un fin de semana largo, y que uno de esos amigos, Antonio, les dio a escondidas la bolsa de Marihuana que yo había encontrado en el costurero de piel y nácar (ver AQUÍ), pidiendo a la Ro que hiciera un pastel de Marihuana como el que hizo en una ocasión cuando todavía estaba de novia con Beltrán. Pero no digáis nada a nadie, veréis qué sorpresa, añadió.
Dudaban, me dijeron, sobre si hacer o no el pastel, y se rieron porque al tirarla (ver AQUÍ) les había ahorrado el esfuerzo de tomar la decisión, aunque Beltrán acabó reconociendo, con voz afectada por el alcohol, que no le importaría volver a probar el pastel antes de morirse.
-Menuda juerga habríamos montado en la casa rural –añadió serio.
A mí me dio pena. Y me visitó el espíritu de enmienda.
Quienes seguís por esta bitácora mis andanzas desde que llegué a Pamplona, recordaréis que en el hospital donde operaron a Madre hice amistad con Javier, un joven porrero, y me estoy planteando llamarle para comprar con qué reponer lo que tiré por el retrete.
Mi única intención si me decido, si compro la marihuana, es hacerles un favor, pero... ¿Beltrán y Ro me lo agradecerán o lo considerarán otra prueba de mi falta de juicio?
Con lo tranquila que yo estaba en el pueblo.
Claro que ni soñar con estas aventuras.








arori dijo
Si haces el pastel, avisa a quién lo vaya a comer, que en una fiesta que estuve, hicieron uno y no avisaron. A una chica le encantó, y comió demasiado. Acabó en el hospital, mala mala, a causa de la marihuana, por supuesto.
Yo soy de un pueblo super pequeño, y me encanta, pero solo para ir de vacaciones, no tiene vida (en verano si). Donde ahora vivo no es una gran ciudad, pero como dices, más aventuras tiene.
Besitos!
18 Enero 2008 | 05:59 PM