(91) MARIHUANA NO, PERO...
Según lo acordado (ver AQUÍ), llamé ayer después de las nueve de la noche a Javier, pero hablamos poco porque en cuanto nombró la marihuana le pedí que se callara, que no hace mucho vi por televisión una serie en la que pillaban al delincuente por hablar de más por teléfono.
-No digas nada que a lo mejor nos están cotilleando.
-¿Que nos están qué? –se sorprende Javier.
-Que quizás nos estén escuchando por el teléfono.
-¿Quién?
-La policía o qué sé yo.
-Tranquila, que no pasa nada.
-Pues por si pasa. Hablamos mañana.
-Vale, pero que de lo que tú y yo sabemos, que no pero como que sí..
-Jav... Oye, que hablamos mañana. –exigí peleando contra la tentación de pedir que me aclarara su último comentario -Di tú la hora. El sitio el mismo que´l de hoy.
-Pues mejor que no nos escuchen, porque tiene una pinta sospechoso lo que estamos hablando... –y se ríe.
-Di tú la hora –insisto sintiéndome un poco ridícula.
-¿A las doce y media? Es que antes no puedo.
-Vale. El sitio el mismo que el de hoy.
Hoy, a las doce estaba esperando en el Palace, ante un café con leche que no dejaba de remover, nerviosa, observando a todos los clientes por si alguno se me hacía sospechoso de ser policía.
Llegó diez minutos más tarde con su sonrisa, cuando mi paranoia ya me estaba venciendo a la razón.
-¡Mariana!
-Hola Javier. ¿Qué quieres tomar?
-Una coca-cola.
-¿Quieres picar algo?
-No, que va.
Ya con el refresco servido, tras darle un primer trago, me dice.
-Oye que Marihuana no hay. Imposible, pero si quieres puedo conseguirte costo.
-¿Costo?
-Sí. Hachís. Pa hacer una tarta mucho mejor que la marihuana y a fin de cuentas es lo mismo.
No entiendo de estas cosas, pero me explicó que el hachís no es sino marihuana manufacturada. Él lo dijo de otra forma, desde luego, pero yo, lo que entendí fue eso.
-Oye, seguro, ¿no? Que fíjate en el lío que me metes si me das algo raro, que´s pa mi hermano y su mujer.
-Tranquila que es lo mismo.
-¿Te acuerdas del zis-zas y la capacutos?
-Sí –contestó con una sonrisita nerviosa.
-Y seguro que es lo mismo, ¿verdad?
-Prácticamente lo mismo.
-De acuerdo entonces.
-Me das el dinero y quedamos dentro de una hora.
Fui a darle el dinero, algo normal desde mi punto de vista, que nadie sabía si yo era una tía dándole la paga o su madre mandándole a un recado, pero en esto de las drogas hay un protocolo a seguir, y al ver Javier como le extendía el billete de cincuenta euros...
-¿Qué haces? Guarda eso. Que no vean que me das dinero.
-Pero si nadie sabe que es para eso.
-Guarda el dinero –me apremia.
-Vale, vale, perdona. Y, ¿cómo lo hago?
Tras informarme, entre disimulos y bajo una servilleta de papel, le pasé el billete. Cualquiera que nos observara se hubiera percatado de la maniobra, pero yo, claro, que remedio, a seguir instrucciones por muy absurdas que me parecieran.
-Quedamos dentro de una hora para que te dé lo tuyo –susurra muy serio mirando en derredor.
-¿Aquí?
-No aquí no, que ya nos conocen.
Javier es un paranoico o lo que estábamos haciendo más grave de lo que suponía.
-Oye, que no quiero meterte en líos. Si hay algún riesgo lo dejamos.
-Que no. Que no pasa nada –me sonríe.
Quedamos en otra cafetería, “Koppo”, cerca del Palace, pero como una hora se me hacía mucho tiempo de esperar sentada en una silla, aproveché para ir a casa, coger la máquina de fotos, volver al Palace, pedir permiso y sacar unas fotos que ya he añadido al artículo que colgué sobre la cafetería (ver AQUÍ).
Llegué puntual a la cita. Javier tardó más de media hora.
-Oye, perdona por la tardanza, pero es que el tío al que le he pillao no estaba en casa y...
-Mientras no hayas tenido problemas... –lo tranquilizo.
-No, que va, todo ha salido bien. Aquí tengo lo tuyo.
-¿Qué quieres tomar?
-Nada, que nos vamos.
Pagué el mosto y lo seguí a la calle, donde mientras caminábamos, y entre ostentosos disimulos, me dio un paquetico.
-Oye, que si sobra no lo tires, me lo das.
-¿Pa qué, pa que me acusen de perversora de menores?
-Y a mí de perversor de carrozas por pasarte el costo –se ríe haciendo un chiste al que sigo sin encontrarle la gracia.
Ahora tengo otro problema, y es que no me atrevo a dárselo a Beltrán ni a Ro, porque, ¿qué les voy a decir sobre cómo lo he conseguido?
Ay si se enteran que además he facilitado una cita con la Luzi a quién me ha vendido la droga.
Y es que me meto en cada lío, que bien dice Madre que lista e intuitiva sí puede que yo sea, pero inteligente, lo que se entiende por inteligente, pues no tanto.
Y Madre muchas veces sabe de lo que habla, que me conoce cual si me hubiera parido.
¡Con lo tranquila que´staba en el pueblo!







arori dijo
jajajaja. Será la manera que lo cuentas, pero es que me parto de risa.
Te imagino ahí, con la servilleta, los 50 €... como si estuvierais traficando con grandes cantidades, jajaja.
El hachís y la marihuana provocan más o menos el mismo efecto, pero de sabor no tienen nada que ver, para la tarta quizás Javier tenga razón, mejor el hachís.
Pues tú dale la sorpresa a tu hermano, y luego le dices que tienes tus contactos, haciéndote la interesante, si te insistes vuelves a lo mismo... seguro que lo haces fenomenal.
Javier solo ha hecho de intermediario por hacerte un favor, que no es camello...
Tranquila que no va a pasar nada, porque ya la tienes en casa no? Que si te pilla la poli con ella por la calle si que te hubiera pasado, por no asustarte antes no te dije, jaja. Ahora estás a salvo.
Besos con sabor a....
25 Enero 2008 | 12:18 AM