(125) INSTINTO ASESINO
No soy muy laminera yo, no. Salvo excepciones. Tampoco tengo mucha memoria.
Me gusta la repostería, pero hacerla para los demás, que no son pocas las veces que hago pastas, bizcochos, rosquillas…, y ni pruebo.
La excepción son los buñuelos de nata, que me gustan tanto que hace unos años fui capaz de comer cuarenta y ocho en una tarde en el pueblo cuando fallaron las visitas para quienes los habíamos comprado. Además, tienen el aliciente de que sólo se comercializan dos veces al año, para san José y para difuntos, y gracias a mi mala memoria, llegadas esas fechas me llevo la gran sorpresa.
Como hoy.
Al ser día de fiesta he bajado tarde a hacer la compra, y entrar en la panadería y quedar ojiplática ante una bandeja de buñuelos ha sido todo uno.
No había muchos buñuelos, y haciendo bueno el dicho de que sólo se recuerda a santa Bárbara cuando llueve, me he entregado a la oración para que ninguna de las tres personas que tenía delante se los llevara.
El primer cliente, un hombre mayor con una niñita rubia de su mano, seguramente la nieta, pide dos bastones que son una clase de pan. El segundo, otro hombre de mediana edad vestido de chándal, ha pedido un cabezón que es otra clase de pan, una botella de coca-cola sin cafeína, un tarro de mermelada, y el periódico “Diario de Navarra”. Después ha sacado y contado las monedas por si le llegaba pero no y ha tenido que pagar con un billete.
La tercera era mujer y china. Cuando la chica joven de la panadería le ha preguntado qué quería, ha señalado hacia una barra de pan.
-Eso.
-¿Algo más? –le pregunta la chica joven.
La mujer china de unos cuarenta años y movimientos pausados, ha mirado detenidamente el expositor de los pasteles y señalando dice:
-Eso…, ¿es?
-Buñuelos. De nata. Muy ricos. Típicos en estas fechas.
-Dos.
-¿Dos buñuelos?
-No. Dos… kilos.
Y la chica joven de la panadería ha empezado a retirar buñuelos de nata de la bandeja para meterlos en una caja.
Me he sentido impotente viendo como desaparecían los buñuelos. Una impotencia que ha evolucionado hasta el instinto asesino, con un toque de racismo, me avergüenza reconocerlo, cuando pesando la caja ya dos kilos, quedando sólo cinco buñuelos en la bandeja, la muy china sí ha sabido hacerse entender para llevárselos también.
Mañana bajaré antes, y si puedo comprar colgaré aquí una foto de los exquisitos buñuelos de nata.











ultreia dijo
Hola Mariana:D
Ñam ñam... buñuelos de nata... me gustan mas los de chocolate...
Besotes
19 Marzo 2008 | 08:19 PM