(131) DE PINCHOS SIN OLVIDAR LO DE MADRE.
Madre siempre ha sido una mujer de pueblo con tendencias a evolucionar hacia la típica anciana rural, y esto era tan claro que Margarita, la bruja del valle, nos advirtió con buen tino, durante el funeral de Padre, que si Madre se vestía de luto no se lo quitaría de por vida. Beltrán y yo, aceptando como buena la sentencia de Margarita, compramos a medias un abrigo de astracán para regalar a Madre con la condición de que fuera la única prenda negra que usara.
Madre guardaba la ausencia de Padre con ejemplar dedicación, que incluso se abstuvo de jugar a las cartas, lo que tanto le gustaba, hasta que hace muy poco, no hará dos meses, me la pervirtieron en el Hogar del Jubilado.
Comprenderéis que de la madre descrita a la que vi con mis propios ojos a carcajadas entre amigos, fumando, y sabe Dios si no coqueteando con el viejico que tenía a su derecha, hay una diferencia que se me hace cuesta arriba recorrer, y que si bien ya con calma, pensándolo mejor y bien aconsejada por vuestros comentarios he terminado concluyendo que merece mi apoyo en que se divierta, incluso que ligue si quiere/puede, no puedo evitar sentir que Madre ya es mayor para según que tonterías.
Otra vez el pensar y el sentir enfrentados.
Hay quien ante un problema se tira a la droga, la bebida, al tren o al maquinista. Yo no, yo soy de otra pasta; yo me he tirado a los pinchos.
He ido al Palace para ver si estaba Gustavo, que no por Gustavo, no creáis, sino porque tiene teléfono de esos que se llevan a todas partes... ¡Con máquina de retratar! Y como estoy poniendo fotos de casi todos los pinchos que cato, pues hasta el fin de semana que iré con la familia tengo que echar mano de Gustavo para las fotos. Pero ya le he dicho, eh, que no se haga ilusiones, que a mí lo que me interesa de él es la maquinica esa de retratar, a lo que él ha contestado que perfecto, que mejor las cosas claras, pero que tenía el teléfono sin batería, por lo que podía contar con él como compañero de pinchos pero no ese día como fotógrafo.
Y lo he aceptado como acompañante sin más. Que remedio. Que digo “que remedio” para hacerme la interesante, eh, que con Gustavo lo paso bien, que en absoluto es un sacrificio estar con él sino más bien todo lo contrario.
Hemos empezando yendo al Corte Inglés, que sus pinchos de esta X Semana del pincho de Navarra están afamados.
-Sabrás que no es lo mismo “Ir al Corte Inglés que ir a que te corten las ingles”, ¿verdad? –me pregunta cuando vemos tras una esquina el horrendo edificio.
-Sí, y que tampoco es lo mismo: “Tejidos y novedades en el piso de encima, que te jodes no ves nada y encima te pisan” –replico rauda; cosa extraña en mí que soy de quienes no se acuerdan de los chistes.
-Muy bueno -me halaga Gustavo entre risas. –Repítelo pa que me acuerde.
No defraudan los pinchos del Corte Inglés, eh, que curiosos son un rato, y buenos también, aunque para gustos, que una es rara para las texturas, y aun reconociendo que la esfera de perritxico puede provocar pasiones, a mí, ese meterte en la boca lo que parece yema de huevo crudo me da repelús.
Pero por partes, que es como nos sirvieron los pinchos que titulan “Tesoros de Navarra” y “Sorpresa de sabores”. Primero nos sacaron los tesoros de Navarra, que consistía en la esfera de perritxico esa que ya os he comentado, y una bolsita transparente con lazo que había que soltar para comer con cuchara una especie de menestra de verduras con vieira; una maravilla de sabores sumados a la originalidad.
Después la sorpresa de sabores: un canelón de delicias de cerdo ibérico a baja temperatura con queso de Idiazabal, gominola de piquillo y emulsión de manzana y cítricos.
Se han esmerado en el Corte Inglés, hay que reconocerlo, pero no sé si como para ganar el concurso de pinchos, a lo que aspiran según confesión de María, una camarera conocida de Gustavo.
Ya con la primera cerveza bebida, que a este paso me voy a acostumbrar, hemos ido al Koppo para probar su “Ensalada de lombarda, berro y fresas con bacalao confitado” y “Torrija de gambas con bechamel de calabacín y sépia” (la sepia me da que es sin acento, pero como en el folleto viene así, pues yo lo reproduzco tal cual). Muy ricos los dos pinchos. La ensalada de lo más suave y colorista, la sepia, sabrosa y en su punto.
-¿Vamos a la Parrilla Argentina? –propone preguntando Gustavo.
Era reacia a ir a ese bar porque los pinchos que ofrecieron el año pasado no me gustaron; que tienen probada su calidad en cuestiones de carnes, desde luego, aunque no acertaron con mi gusto de texturas. Pero este año con su “Tango” y ”Milonga”se han lucido, sobre todo en las salsas sin despreciar el resto.
Y otra cerveza.
-¿Probamos los del Monasterio? –vuelve a proponer Gustavo.
Acepto, que no he oído de sus pinchos a concurso pero sí de su barra habitualmente bien surtida durante todo el año..
Si hubiera premio a la sencillez, sin duda se lo llevaría el Bar Monasterio. Sus pinchos no ganarán porque lo simple sufre handicap por el mero hecho de serlo, pero si no el premio, si que se merece un aplauso. Su “Tosta de escarola con anchoa marinada y aroma de limón a las pasas de Corinto” es creo el primer pincho que he podido comer con los dedos. Un pincho normal en cualquier barra de bar sino fuera por sus matices, como el que ofrecía la espuma de limón que el dueño presumió de hacerla ellos mismos. Su otro pincho, “Bocadito de crema de verduras y tejas de bacalao”, otra exquisitez de hojaldre que descollaba también por su aspecto, sólo su aspecto, poco elaborado.
-¿Y ahora? –pregunta Gustavo.
-Ahora yo a casa dando un paseo para bajar un poco lo comido.
-Te acompaño un rato, que a mí también me vendrá bien mover un poco las piernas.
Camino de casa nos salió al paso el bar la Fonda, y sin mucho insistir consentí que Gustavo me invitara a los últimos pinchos del día: “Aroma del campo: Ensalada templada de codorniz y lechugas variadas con escabeche casero y granadas a la emulsión de vinagre de Módena” y “Sabor de la huerta: Montadito de calabacín y ternera sobre salsa de pimientos del piquillo de Lodosa con cumbres de Idiazábal”, que al ser relativamente frescos entraron sin mucho esfuerzo a pesar de lo mucho que llevábamos ya comido”.
En la puerta nos separamos yendonos cada uno hacia su casa. A mí durante el trayecto, me asalta la duda de si tengo o no que hablar de preservativos con Madre, que no va a hacer nada sexual, lo sé, y menos venirnos embarazada, que eso ya resultaría milagro, pero por si acaso, que se oye mucho de enfermedades de trasmisión sexual y no es plan el que pille una de esas, que si ocurriese y se enteran en el valle, ay que verguenza, iban a tener cotilleo per saecula saeculorum.
¿Y como le hablo yo a Madre de preservativos?
¡Dios, que cruz de madre!
Harta de cargar con todo y animada por las cervezas ingeridas, concluyo delegar en Beltrán y Ro; yo les cuento lo visto y que decidan ellos lo que hay que hacer.
Lo que sí tengo claro es que nada más acabar este escrito tomaré bicarbonato, sal de frutas o lo que haya por casa si algo hay, para aplacar mis síntomas de empacho.
¡Ay, que malica estoy de las tripas y lo poco que me quejo!
NOTA: Este artículo ha sido archivado en la categoría: DE PINCHOS.











skpe dijo
Madres abnegadas como las de antes ya no se encuentran...por eso si la tuya se tira un poquitín al vicio..Mariana dejala disfrutar un poquito que seguro bastante reprimida ya ha estado...jiji
Y lo de tu vicio....pos perdona que te lo diga pero de los mejores...jajaja que lo único que puedes hacer luego es apuntarte a un gimnasio...
! Ostras ...! como me gustaría verte con una maya rosa haciendo aeróbic pá rebajar los kilos de los pinchos...jajaja..
Un Beso y no pasé antes porque he estado bastante ocupada...Buenisimo viernes...
10 Abril 2008 | 11:43 PM