(132) SIGO DE PINCHOS APELANDO A VUESTRO ESTOICISMO.
¡Que me ha pillado el toro!
Tengo pendientes: vivencias de las que quiero haceros partícipes; memés no sé si ocho, diez o más; artículos vuestros que no he leído... ni comentado...
No os he descrito como se cocina el “Rape a la aldeana”, una variación mejorada y más sencilla del típico “Rape a la Americana”, o esos “Tallarines pa´l Tritón”, una asquerosidad que me enseño la china que era japonesa y que yo ¿cómo no?, he adaptado al gusto occidental hasta lograr convertir el plato en experiencia cercana al éxtasis.
También quiero contaros lo sucedido con una ocurrencia a la que fue inducido don Leandro, sus consecuencias, y por qué ayer domingo se me vino a la cabeza.
Y os debo unos cotilleos, entre ellos sobre la Extraentodo; la rica del Pueblo.
Ah, y las mesas que compré yo sola en esto de los Interneses, que ya me han llegado...
Pero me falta tiempo.
La “X Semana del Pincho de Navarra” es causa, si no única, sí propicia para echarle la culpa de esta situación. Vale, de acuerdo que como excusa no es buena, que ya para entonces iba atrasada, pero el tema se ha convertido en un cuello de botella que impide ir plasmándoos aquí mi día a día. Además, que no he ultimado mi recorrido gastronómico, pues falta este artículo sobre lo comido este fin de semana, y otro colofón en el que haceros partícipes del fallo del jurado, que no sé cuando será hecho público, por lo que os pido perdón por mi pelmada, pero es que me da pena dejar inconclusa esta serie, así que, apelando a vuestro estoicismo, y aclarando que no seguiré un orden porque se me confunden días, pinchos y sabores, continúo escribiendo sobre la “X Semana del Pincho de Navarra”.
Empezaré con el Bar Anaitasuna cuyos pinchos no me gustaron. No eran malos, no, que no puedo decir eso de ninguno de los que tengo probados esta semana, pero tampoco dignos competidores ante el gran nivel exhibido por el resto de bares. A mi entender, claro, que ya os tengo dicho que merece poco crédito en esto de comidas finas. En el Anaitasuna nos sacaron: “Tartare de solomillo de ternera con rúcula, canónigos, pensamientos y claveles chinos con vinagreta de alcaparras” y “Milhojas de manzana verde, foi, carpaccio de solomillo de ternera, crema de queso de Idiazábal y aceite de almendras y bacon”.

En el Bar Baserri disfruté de unas “Migas de aceituna negra y salmón marinado en aceite virgen extra Abbae Hacienda Queiles” y Variación de pato a la naranja” los dos muy sabrosos y originales.

En el Bar Burgales primaron la estética ofreciendo un “Pelota vasca: Frontis de piquillos verdes con paleta de patata y peloticas de bacalao”, sin otra ambición que el preciosismo, y un “secreto” agradable al paladar.
En el Bar la Chistera probamos: “Coca de higos con virutas de foie y flores” y “Lasaña de buey de mar, aguacate y vainilla” que eran una delicia aunque tampoco fueron de mis favoritos; no por mediocres sino por comparación con otros que me gustaron más.


Amigas, amigos, un respeto, que llega el momento de dejar constancia de mi único “¡Joe!” al meter un pincho en la boca. El evento ocurrió, lo recuerdo bien, sobre las nueve de la noche del viernes once en el bar Espejo con el pincho llamado “Valle Salazar: Laminado de ternera sobre crema de patata y hongos y salsa endulzada”. Que explosión de frescura y sabor, que sorpresa se llevaron mis papilas gustativas. El otro pincho de ese bar, el “Mar y tierra: Brocheta de champiñones y gambones con bacon, calabacín y tomate” era una auténtica maravilla, pero el “¡joe! me lo sacó el primero, el Valle de Salazar.
El bar La Mandarrra de la Ramos, quizás el más bonito de los bares en cuanto a su decoración, ofrecía unos pinchos ideales para degustar entre otros de mayor enjundia por su frescura y capacidad desengrasadora. Sus “Dos bocados” de tomaticos, y sus “otros dos bocados” cuya recuerdo se me difumina, fueron un intermedio que nos permitió seguir la ronda con el estómago más ligero. O así daba la impresión.
El bar Ona era parada obligatoria, ¿como no va a serlo si te tientan con una extravagancia llamada “Satélite de patata con comandante de huevo frito y tripulante jamón, receta año 2225”? Al satélite acompañaba un “Relleno de la Nati (receta tradicional) transformado por el anárquico Ariel”? Pues por muy mucho que el título prometiera sólo originalidad, la cata no defraudaba. ¡Que imaginación! ¡Que maravilla de resultado! ¿Ganar? No lo creo, que joyas gastronómicas es lo que sobraban estos días en Pamplona.

Durante el fin de semana llevé a la familia a degustar los pinchos que me parecieron mejores de los probados con Gustavo, y repetí en varios bares como el Fitero, don Hilarión, el Gaucho...
De tener que elegir... No sé que pincho elegiría y tampoco tengo base para hacerlo, que a pesar de comer muchos, probé menos de una sexta parte de los presentados a concurso. Además, os tengo repetido que mi punto de vista merece poco crédito en esto de las chorradicas para comer.
NOTA: Este artículo ha sido archivado en la categoría: DE PINCHOS.










catalaneta dijo
Antes que nada TE ODIO, TE ODIO Y TE ODIO !!!....... me entra hambre cada vez que visito tu Blog y por tu culpa no voy a pasar por las puertas, óstia mariana que cada noche igual... ala!!! ya me voy a por el tarro de helado... , y luego me voy a leer el post, porque no lo he hecho... que sinó luego se me quitan las ganas de odiarte.
Besitos odiosos pa ti.... so gamberra !! ji ji ji
14 Abril 2008 | 10:53 PM