(133) EL DÍA DE LA PATRONA Y EL OBISPO.
Sé que os debo novedades sobre Madre y su vida secreta, pero será otro día, que hoy es santa Engracia, la patrona de mi Pueblo, y quiero celebrarlo con vosotros a través de esta anécdota que ocurrió a mediados de los setenta, cuando del pueblo sus habitantes no habían comenzado la huída. En Abril, que ya os tengo dicho que fue para santa Engracia.
No sé si por cortesía o de obligado cumplimiento, era costumbre que los curas invitaran al señor Obispo a cuanta fiesta hubiera en su parroquia.
Como siempre, Don Leandro, el cura, envió la invitación al señor Obispo en la creencia de que, siguiendo el orden establecido durante años, meses después recibiría una carta muy correcta del obispado disculpando su incomparecencia.
Pero ocurrió lo impensable y el señor Obispo ese año aceptó la invitación.
Al pobre don Leandro casi le da un ataque de nervios, y a partir de entonces se le vio preocupado por lo poco que podía ofrecer al señor Obispo.
Las fiestas se celebraban con una cena de jóvenes la víspera, misa, comida para todo el habitante del Valle que se apuntara, y baile hasta que el Palancas cayese borracho sobre su acordeón, lo que solía ocurrir a mitad de tarde.
Don Leandro rechazó la posibilidad de exponer al señor Obispo a las ocurrencias del pueblo desinhibido por el alcohol, por lo que concluyó que sólo podía presentarlo en misa y debía pensar una originalidad que la diferenciase de lo habitual. Para lucirse.
Mientras buscaba esa originalidad, don Leandro no quedó quieto, que inició una persecución implacable hacia todos los habitantes del Valle para repartir tareas: limpiar la iglesia, los santos, lavar y planchar ropajes ceremoniales, arreglar unas goteras, varias lámparas que no lucían, barnizar los bancos...
A mí me tocó limpiar unos candelabros de plata que ni los más viejos del lugar conocían y que don Leandro sacó de no se sabe donde.
Una tarde, mirando desde lo bajo como el Trillos limpiaba la campana, tuvo una idea:
¿Y si durante la misa unos jóvenes hicieran sonar la campana de la ermita?
Podía decir que simbolizaba la felicitación de Nuestra Señora del Rastrillo Encogido, la virgen de la ermita, de quien ya os he hablado (ver AQUÍ)pero os debo el contar su historia que es muy bonita y dicen que cierta.
A pesar de que por miedo a que la roben, la virgen no se encuentra en su ermita, la idea le pareció espléndida a don Leandro, aunque no contó con los problemas que se iba a encontrar para llevarla a cabo, pues era preciso que varios jóvenes se desplazaran hasta la ermita muy de mañana para tañer la campanas, y ni amenazando con los fuegos avernales encontró quienes se prestaran a ello. Y motivos tenían los jóvenes, que tras la cena de vísperas y la consiguiente ronda, quedaban pocas fuerzas y menos ganas para recorrer el empinado y abrupto camino que lleva a la ermita.
Don Leandro desesperado, pidió la ayuda de mi abuelo que por entonces era el juez de paz.
-Está hecho –contestó de inmediato mi abuelo.
Y sin pasar ni dos horas volvió a presentarse ante el cura.
-¿Cuántos jóvenes necesita?
-Cuatro como mucho.
-Pues tiene donde elegir, que todos están dispuestos.
-No es posible.
-Si se apuesta una absolución...
-No, no, que te creo. Pero... ¿Cómo lo has conseguido?
-¡Fácil! Les he dicho que la iglesia pagaba todo el vino que pudieran beber mientras hacían su mandao.
Don Leandro estuvo meses enfadado con mi abuelo. Que lo había hecho “pa joderlo”, decía, pero aunque don Leandro no lo reconoció, la visita del Obispo fue un éxito a pesar del alborotado y discontinuo toque de campana, producto sin duda del vino sufragado por el cura.

-Extraño arrebato –comentó el señor Obispo tras la misa.
-Típico de la zona. Una tradición –respondió impasible don Leandro.
Ese año, por la visita del señor Obispo, aparecimos en los periódicos. Y hubo un entendido que achacó el original repique a tiempos de la invasión francesa, explicando con datos históricos, según él fidedignos, que era la forma habitual en esta zona de Navarra para avisar a los vecinos de posibles ataques.
En el pueblo nos reímos de ese entendido durante meses. Don Leandro, no, claro. Don Leandro estuvo mucho tiempo enfadado.










catalaneta dijo
ja ja ja, quee guai , que manera de machacar a D. Leandro. Ya me lo estoy imaginando, muy buena la inventiva de tu abuelo...
Desde luego maja eres un pozo sin fondo, la mar que cosas nos cuentas y todas con una gracia que pa que.
ejem... estooo... hoy no hay cena o que? ostia hoy que venia sin cenar aun, pues va a resultar que la moza no ha puesto nada pa picar.
Jodia eres...
Besitos guapa, siempre es un placer leer en tu Blog
16 Abril 2008 | 09:41 PM