(115) LA ABUELA FUMA.
¡Lo fértil que puede llegar a resultar la imaginación encontrando excusas para aplazar lo que incomoda!: el fin de semana anterior no porque teníamos planeado salir toda la familia de pinchos y no quería crear mal ambiente. Durante la semana tampoco, que Beltrán, trabajando de mañana, cuando me levanto ya se ha ido, y cuando vuelve, lo que busca no son problemas sino comida, tranquilidad y el sillón para sestear, y a la noche tampoco que se acuesta pronto.
Excusas, excusas y más excusas. En mi defensa, el que no es agradable decir a un hijo, por muy hermano tuyo que sea, que su madre se está desmadrando,
Pero tenía que hacerlo, era preciso compartir con Beltrán y Ro lo que había visto (ver AQUÍ), que mientras callaba, Madre podía estar hundiéndose más y más en el fango del vicio y la perversión.
¡Ay Dios, con lo tranquila que yo estaba en el pueblo, tan alejada de tentaciones urbanitas!
¿A quién se le ocurre dejar a esa panda de viejos sin vigilancia? Porque Madre, que lo sepáis, hasta que no se juntó con esos degenerados era una buena mujer, más dada, desde luego que sí, al rezo que al pincho.
Y que nadie puede decirme que exagero, eh, que la vi con mis propios ojos comiéndose un pincho entre amigos, fumando, y, aunque no lo puedo jurar, tal vez coqueteando con el viejo ese con pinta de fauno de pelo cano y perilla. Y porque huí para que ella no se diera cuenta de mi presencia no reparé en lo que bebía, aunque doy por cierto que algo sin alcohol, que de lo contrario ya sería como para espiar sus movimientos.
Tenía que contárselo a Beltrán y Ro, era ineludible, lo sabía, pero debía buscar las palabras apropiadas, encontrar el momento... ¡Excusas!, y lo sabía, que era consciente de que no eran sino meras excusas para aplazar la incómoda situación de decir a un hijo que su madre se estaba desmadrando.
El viernes por la noche, tras la cena, mientras Madre y los críos se apostaban frente al televisor, pedí con un gesto a Beltrán y Ro que se quedaran en la cocina.
-¿Qué pasa? –preguntaron intrigados.
Mantuve la expectación unos segundos, intentando encontrar palabras que tal vez no existan, hasta que armada de valor me lancé.
La intriga se volvió incredulidad, y esta en una sonrisa que evolucionó hasta la carcajada, cuando les conté que Madre fumaba.
-¿Y qué? –pregunta Beltrán.
-¿De qué os reís? –se escucha a la Luzi desde el salón alertada por las risas.
-¿Cómo que “y qué”? –me sorprende su reacción –Pues que el tabaco mata, que lo dicen los médicos, y Madre está mayor para tonterías –me sorprendo defendiendo una postura, la mía, que hasta entonces creía incuestionable para cualquier persona lúcida.
-¿De qué os reís? –reclaman Mikel y la Luzi a gritos.
-De que la abuela fuma –informa la Ro.
-¡Calla, calla! –musito –Que se va´nterar Madre.
-¿Que de qué os reís? –insisten Mikel y la Luzi presentándose alborotados en la cocina.
-Pues ya os hemos dicho: de que la abuela fuma.
-¿Qué habláis de mí? –se oye a Madre desde la otra habitación.
-Pues déjala –opina Mikel.
-¿Pero, cómo vamos a dejar con la edad que tiene que empiece a fumar? ¿Tú estás loco? ¡Con lo malo que es el tabaco! –protesto sintiéndome inquisidora.
-¡Que va´ser malo pa su edad! –exclama Beltrán. -Pa su edad ya nada es malo. Pero si tiene más de ochenta años, mujer, si no le queda tiempo ni pa que l´haga daño por mucho que quiera fumar. Y si se muere, pues que se muera feliz.
-¡Claro! –respaldan todos la postura de Beltrán.
-¿Que qué habláis de mí? –pregunta Madre, ya enfadada, desde frente al televisor.
-Que dice la Mariana que t´ha pillao fumando –responde la Luzi a gritos.
Y yo ahí, en medio, sintiéndome aldeana y ridícula por escandalizarme de que Madre fume. Y no sólo, que ahora Madre me mira mal, y murmura “será chivata” cuando nos cruzamos en el pasillo, que ni me da las buenas noches al meternos en la cama.
No me atreví a compartir mis sospechas de que también coqueteaba con un viejo porque, además de no tener la certeza, me negué a proporcionarles munición con la que seguir burlándose de mí.
Pero lo tengo pendiente. Además, con todo lo que se oye sobre enfermedades de trasmisión sexual, seguro que el Beltrán y la Ro están de acuerdo conmigo en ponerla al día en esto de los peligros del sexo sin precauciones.
Ay Dios mío si Padre levantara la cabeza.
¡Con lo tranquila que yo estaba en el pueblo!









www-lacoctelera-com-inaki dijo
Ja, ja, a la vejez viruelas, Mariana. Déjala a la pobre que disfrute. Y por cierto, ¿fuma rubio o negro?. Cualquier día se fuga a Benidorm a bailar los pajaritos, ya te digo...Besos.
Iñakito.
22 Abril 2008 | 09:29 PM