(120) BROMAS ALDEANAS.
No encuentro relación si no es hilando muy fino, pero las argucias que nos traemos la Luzi y yo con esto de Madre me ha hecho recordar al Urtain; no al boxeador sino a quien decíamos Urtain en mi Pueblo.
Lógicamente, le llamábamos así por su fuerza. 
No era el típico musculitos con cara de niña que usáis en la ciudad, y aunque seguro que tenía el mismo número de músculos que ellos, Urtain los ocultaba bajo una gruesa capa de grasa.
Era alto, que no bajaría del metro noventa, y tan fuerte que levantaba sin aparente esfuerzo dos yunques a la vez, uno con cada mano. Y gordo. Era muy gordo.
Contaban que cuando nació, a su padre le dijeron que había tenido un hijo muy feo, a lo que él respondió:
-No importa. Total, lo quiero pa´l campo…
El Urtain, más que feo era de rasgos toscos y aspecto primitivo. Daba miedo con sólo mirarlo, pero quienes lo conocíamos sabíamos que su buen corazón lo incapacitaba para hacer cualquier daño. Era un auténtico buenazo, tanto que aunque no le gustaba mucho la broma, jamás puso reparos a participar en ella.
La broma, a pesar de ser muy aplaudida por todos los aldeanos del entorno, que nada más hacerse corrían a enterarse de los detalles, no era demasiado apreciada por quienes la sufrían, mayormente urbanitas, y es que los de ciudad tenéis un humor como más fino.
Hay quien calificaba la broma de pesada, pero puedo asegurar que, excepto lo habitual, orinarse o irse de vientre por el susto, no se conoce otro daño que el de un pardillo de Pamplona, que al salir huyendo tropezó con la Josefa, y esta, creyendo que peligraba su honra, le dio tremenda ensalada de tortas. Que la Josefa era mucha Josefa, que para arrancar al pardillo de sus garras fueron precisos cinco hombres fuertes incluido el Urtain.
Y no practicábamos discriminación alguna, que a condición de que fuera forastero y hombre cualquiera nos valía, aunque siempre era más divertido cuanto más fino fuera el señorito.
El proceso era el siguiente.
Pongamos como ejemplo una de tantas veces que intervinimos en la broma el Pata, Urtaian, el Circos y yo.
El Pata me venía corriendo; todo lo corriendo que podía, claro, que le llamábamos el Pata porque tenía una de ellas más corta que la otra.
-Mariana, que al Circos l´ha venido un pardillo de Pamplona y vamos a hacerle la bicicleta.
El Circos llevaba al pardillo a la tasca donde ya estaba el Urtain.
Me acercaba yo a ellos iniciando una conversación durante la que comentaba que iba a comprarme una bicicleta, pero, añadía, no entendía de marcas y la quería buena.
Alguien me aconsejaba que preguntara al Urtain, pues entendía de bicicletas ya que su hermano era ciclista.
Yo, toda inocencia, objetaba que ¿cómo una señorita como yo iba a dirigirme al Urtain? No, añadía, que a saber qué iba a pensar de mí, para acto seguido pedirle al pardillo, aclarando que lo elegía a él porque al ser de ciudad tenía más mundo que nosotros los aldeanos, que preguntara al Urtain qué marca de bicicleta usaba su hermano.
El pardillo, halagado en su orgullo, iba rezumando seguridad hacia el Urtain que lo recibía con una sonrisa.
-Oye, perdona –le decía el pardillo, -¿podías decirme qué marca de bicicleta usa tu hermano?
Ahí el Urtain demostraba sus dotes de actor: demudaba el rostro, y levantando de un salto su mole de grasa y músculo de la silla:
-Te mato. Hijo de la gran puta. Te mato –gritaba enloquecido al pardillo. –¿Me preguntas qué bicicleta usa mi hermano, cabrón? –Mi hermano es paralítico, hijo de puta. ¡Pa-ra-li-ti-co! Mi hermano va en silla de ruedas. ¡Te mato, hijo de puta. Te mato!
Todos los presentes nos lanzábamos a sujetar al Urtain simulando no poderlo frenar.
Había que ver la cara del pipiolo. Una cara de muchas risas. Claro que era preciso prestar mucha atención porque no tardaban en salir corriendo, que en lo de la broma sí se podía aplicar lo que dice ese calvo de la tele sobre la Formula 1: “Si parpadeas te lo pierdes”.
No pocos, por las prisas, apuntaban mal, y al querer huir por la puerta se estampaban en la pared.
Así nos divertíamos en un pueblo de mucho humor pero pocos alicientes.









catalaneta dijo
Vaya pandilla, anda que no teniais peligro ni ná.
Muy divertido y además instructivo que me apunto lo de la ensalada de tortas para mi uso personal.
Besitos
Cata
4 Mayo 2008 | 05:19 AM