(121) SANTIAGO EL DEL PALACE.
Raro es que las pocas tardes que voy a la Cafetería Palace no lo encuentre tomándose un café.
Se llama Santiago.
Es pequeñico y regordete. Muy gracioso. Y simpático. Y amable. Tiene la manía de exhibir el extremo grueso de su limpia y rosa lengua entre palabras.
¿Años? ¡Uf que mala soy para eso! Pongamos que joven.
Entra saludando por su nombre a todos los conocidos.
-Hombre, Mariana. ¿Qué tal estás?
-Bien, bien. Y tú, Santiago, ¿de donde vienes?
-¿De donde voy a venir? De trabajar. Como siempre.
-Y qué, ¿a tomarte el café?
-Café con leche, sí.
Nos regala a cada sonrisa contagiosa sin artificio mientras habla con uno y con otro, que para todos nosotros tiene un comentario certero.
Cada vez que coincido con Santiago, si lo veo como hoy a lo lejos, al fondo de la larga barra, estoy pendiente para que no se vaya sin verme:
-¿Qué tal, Santiago? –le digo al pasar.
-Bien. ¿Y tú, Mariana? –contesta con una sonrisa en la voz.
-Bien, bien, Gracias. ¿Te vas ya?
-Sí. A casa en el autobús. Adiós, Mariana.
Se despide mirando sin malicia con sus ojos frescos y pícaros de su cara dulcificada por el Down una de las personas más simpáticas y cariñosas, amables y válidas, de entre quienes nos movemos por el Palace: Santiago.










arori dijo
Seguro que Santiago es una persona excepcional. Qué bien que pueda tener trabajo, que cada vez tengan más oportunidades. Parece que avanzamos, aunque sea poco a poco.
Muchos besitos para ti y para Santiago, de mi parte.
6 Mayo 2008 | 12:56 AM