(133) INSTRUYENDO A MADRE EN EL USO DEL PRESERVATIVO.
El viernes pasado, al mediodía, después de comer, Madre, al oído, colgándoseme del brazo, me pidió que a las cinco de la tarde la esperara en la cafetería que tenemos al lado de casa.
-No se lo digas a nadie –añadió.
Si no os he comentado de la conversación pendiente con Madre sobre preservativos, es porque procuro esquivar incluso el pensar en ella, en la conversación, digo. Sabéis que estoy conchabada con la Luzi para que, haciéndome unas preguntas ya preparadas delante de Madre, ésta, al escuchar las respuestas, se entere de los peligros del sexo sin protección y de lo imprescindible de usar siempre preservativo.
Para informarme busqué en el rastreador ese de los Interneses, pero lo que apareció me hizo desistir de la búsqueda; unas cosas... ¡Tremendas! Que sí que encontré y enseguida donde informaban sobre preservativos, ¡pero es que estaban rellenos!
¡Que sofoco!
¿Existen esas medidas? ¿De verdad? ¿Para qué tan grandes? ¿Caben? Que daño, ¿no?
Decidí recuperar mi primer plan: comprar una caja de preservativos en una farmacia que tienen una maquinica en la fachada. No recuerdo si fue miércoles o jueves, pero sí que elegí una noche que llovía mucho, previendo que habría menos personas por la calle que pudieran sorprenderme en tan delicada situación como la de estar comprando condones; me avergüenzo al confesar que tenía pensado decir que eran para Mikel si me encontraba en la terriblemente vergonzante tesitura de tener que dar explicaciones.
Con las instrucciones en una mano y un plátano que distraje de la cocina en la otra, me vi encerrada en mi habitación con el propósito de adquirir conocimientos sobre la colocación del preservativo para poder trasmitírselos a Madre.
Permitirme un buen consejo: Si os veis en la necesidad de experimentar con un plátano la forma de colocar un preservativo, es importante, no lo olvidéis, que éste no esté demasiado maduro para que no os ocurra como a mí, que terminé pringada de los pies a la cabeza con una viscosa masa marronácea lograda con el plátano machacado unido a la grasa que cubría el preservativo. Una asquerosidad, creedme.
Que sí, que soy una exagerada, también me lo digo yo, que seguro me confundí y Madre no coqueteaba con el vejete ese cuando la sorprendí yendo de bares con los del Hogar del Jubilado. Pero... ¿y si me confundo, y si por no conocer los riesgos Madre pilla una enfermedad de esas raras de las que tanto se oye últimamente?
Si es verdad que cualquier motivo me servía como excusa para aplazar tan delicada charla, no es menos cierto mi cargo de conciencia al plantearme que, mientras no le informase de los peligros del sexo sin protección, Madre podía estar en riesgo.
Y claro, estando como estaba, tan sensible con este tema, cuando Madre me pidió que acudiera a las cinco de la tarde a la Cafetería José Luis, añadiendo que no se lo contara a nadie, se me encendieron todas las alarmas, y a las cinco menos diez ya me encontraba esperándola frente a un café con leche.
La cafetería tiene dos entradas, y desde la que accedí se ve una larga barra que lo recorre a mi izquierda. La pared derecha está cuasi cubierta por máquinas de tabaco, tragaperras, y un frigorífico con puerta de cristal a través de la que se pueden ver helados y otros postres fríos.
Al fondo, un recoleto comedor, la televisión entonces apagada, arriba, y un pasillo con puertas a los baños, almacén, y la salida trasera.
La cafetería estaba vacía a excepción mía y de Iván, el nuevo dueño junto a su hermana desde que se jubiló José Luis el padre.
A las cinco y cinco me sorprendió ver entrar a la Luzi.
-¿Qué haces aquí? –le pregunto.
-A tomarme un café. ¿Y tú?
-Lo mismo.
No la creí, que me resultaba extraño imaginar a la Luzi entrando en una cafetería a tomar café. Con las amigas, de acuerdo, pero sola...
Y acerté.
Que había sido también convocada por Madre, y que también le pidió que no comentara con nadie su cita con ella, terminó confesando. ¿Qué querrá? Nos preguntamos.
No íbamos a tardar en averiguarlo, que cinco minutos después apareció acompañada de seis escandalosas viejicas.
-Ahí están mi hija Mariana y mi nieta Luzi –nos presentó Madre según avanzaba el grupo hacia nosotras. –Estas son Josefa, Tere, Mara, Socorrito, Pilar y Paz –continuó las presentaciones.
Mientras Iván recogía el pedido de cafés e infusiones varias, nos fuimos acomodando en dos mesas del comedor que juntamos para caber todas.
Seguía las indicaciones de Madre como una autómata, indecisa por no saber qué es lo que estaba ocurriendo:
-La Mariana y la Luzi, una en cada extremo para que nos enteremos bien.
-¿Para que os enteréis bien de qué? –se interesó la Luzi.
-De lo del preservativo. Qu´he sabido que me ibais a dar una charla y he creído buena idea el que mis amigas también se enteren, que´n tan peligro como yo están ellas.
-La Tere más –puntualizó una de las viejicas provocando la risa del resto.
-Seréis cabronas –reaccionó la tal Tere.
Y ahí nos vimos las dos, la Luzi y yo, ante un auditorio que esperaba ansioso nuestras enseñanzas.
-Venga, ¿empezáis o que? –se impacienta Madre.
-Tia Mariana –pregunta la Luzi con un tonillo que no dudo en descifrar como burlón. -¿Qué es un preservativo?
Ya me movía en terreno conocido, que la respuesta la sabía incluso de memoria, pero antes de poder abrir la boca, una de las viejicas…
-¡Esto es un preservativo! –exclama sacando uno del bolso.
Todas se alborotaron. Hasta Madre. Y la Luzi. Fueron pasándose el preservativo. Una lo abrió con los dientes, lo que según las instrucciones que leí nunca se debe hacer, otra lo desenrolló. Hubo quien lo hinchó… Y no tardaron en jugar con el preservativo hecho globo.
¡Que vergüenza! A la cafetería habían entrado dos hombres que se habían sentado al principio de la barra, desde donde seguro no podían apreciar lo que se lanzaban, pero aun y todo… ¡Que vergüenza!
Terminamos desatadas, hablando de guarrerías, que hasta me enteré de que los preservativos hay que tirarlos al contenedor reservado a plásticos para cuidar el medio ambiente.
Y contaron chistes, como este que:
-¿A que no sabéis qué es un hombre?
-¿Qué?
-La parte inútil del pene.
O:
-El matrimonio es un mal negocio porque pa pillar un chorizo tienes que llevarte todo el cerdo.
Hasta yo me atreví con el que contó Gustavo para demostrar que me equivocaba al tacharlo de machista:
“Esto es una neurona femenina que tenía curiosidad por conocer como eran las neuronas masculinas, por lo que un día se metió en el cerebro de un hombre.
La neurona femenina encuentra el cerebro vacío, sin ninguna neuroma masculina. Y empieza a llamarlas:
-¡Neuronas, neuronas!
Pero sólo escuchaba al eco como respuesta: "onas, onas".
La neurona femenina insistía...
-¡Neuronas, neuronas!
...con el mismo resultado: "onas, onas".
Hasta que, aburrida, ya pensaba marcharse, cuando ve aparecer a una neurona masculina, toda borracha, que le dice:
-¿Qu´haces aquí? ¡Vente pa´l pene que ahí´stamos todas!”
El chiste que conté gustó mucho, sobre todo a Socorrito, y lo demostró orinándose, aunque no otorgo todo el mérito a mis facultades como cuenta-chistes porque Socorrito ya tenía antecedentes respecto a sus problemas de retención, y como por coquetería se negaba a usar pañales...
Ahí acabó la fiesta, que tenía que ir a cambiarse, se excusó. El resto se retiró con ella.
No olvidaré esa tarde, sobre todo el comportamiento de Madre, alegre y desinhibida como jamás lo hubiera supuesto.
Claro que tampoco olvidaré la trampa que nos tendió, que además, como se ha enterado el resto de la familia, ahora son todo bromas a mi costa.
No sé como pero Madre de esta se acuerda. Y Mikel, que ya he averiguado que él fue el chivato que le informó sobre nuestros planes de aleccionarla en el uso del preservativo.










cata dijo
Mariana por los clavos de Cristo, que voy a despertar a todo el bloque con las risas!!!!
Tu has pensado alguna vez venir a vivir a las montañas, creo que como vecina serias ideal, piensalo eh? Me parto contigooooo!!!
Joer me maravillas, ahora ya solo falta que nos hagas un post de una noche loca en un Sex Show.... vaya terapia en tu blog!!
Y yo que venia a echarte bronca... ja ja
Por cierto, pero tu has visto arriba en mi blog mi foto? patas largas siiiiii, pero a proporción eh? jodia que mido 1,70
Pero culito de rana? amos a ver, como son los culos de rana parienta? que lo mismo me estás insultando y... hay tabla, pa que te enterés mi culo no es plano como el de las ranas canalla!! a ver si a estas alturas me voy a tener que poner en pelotas en el blog para recuperar mi orgullo.
y... mecagoentodoloquesemenea, cuantas veces voy a tener que decir que no soy señora, ni tengo marido, ni me he casado aunque hubo una época que estuve a punto de casarme con Dios, ya que ni Dios queria casarse conmigo.
Ay Mariana, que juro que te mato si vienes a Andorra y no me llamas jaja
Oye!! tu estás segura que pusiste la palabra preservativo en el buscador?
A ver si con la excusa de tu madre, van a tener que ponerte a ti vigilancia.
Y en que contenedor dices que van los preservativos Mariana? ja ja ja
Como me he reido, ya solo faltaba el remate de chiste de las neuronas,
Esto... a que venia yo? A si... por ahi arriba entre carcajadas tienes mi queja, por ahi entre neuronas, instrucciones y el plátano debe estar, ya me perdonarás que no rebusque a ciegas por si acaso.
Tu madre genial, no escarmientas guapa, te ha vuelto a joder la jugada!! ja ja
Besitos y ya sabes, cuando quieras te vienes. Que estos andorranos aun están muy virgenes y a lo peor les puedes echar una charla y resucitas Casa Nono.
Cata
10 Junio 2008 | 04:42 AM