(155) SAN FERMÍN O8: 14-7. "POBRE DE MÍ"
He visto el último encierro de este año con la tranquilidad que da el saber que Mikel no estaba entre los corredores

Tras un café con leche para despejarme, me he puesto, sí, otra vez, a planchar ropa blanca, que no por ser el último día de Sanfermines debemos descuidarnos sino más bien al contrario, exhibir nuestras mejores galas para despedir con dignidad las fiestas.
A la familia la esperaba a partir de las doce, que ya os conté que habían ido el sábado de madrugada hacia la Expo del Agua, “para las siete hay que estar en Zaragoza que sino se montan muchas colas”, pero no que era una excusa ideada por la Ro para alejar a Mikel su hijo de los últimos y más tumultuosos encierros.
He acabado pronto porque el domingo había adelantado bastante trabajo, y a las diez, con ya todo terminado, he dejado una nota para la familia diciendo que volvería para comer, que iba a llevar ropa a la tienda para la que coso.
Pero antes de a la tienda he ido a la Cafetería José Luis donde había quedado con Gustavo y Jota Ele, a partir de ahora JL como dice la Cata, para degustar el último almuerzo de fiestas.
-Pero Mariana, ¿Y´el pañuelico?
¡Había olvidado ponerme el pañuelo rojo de fiestas!
-Tranquila que yo te lo soluciono –se ofreció JL.
-Si no hace falta, si cuando vayamos al centro subo un momentico a casa, que nos viene de paso, y lo cojo.
-Que no, que no puedes estar sin pañuelico el último día de fiestas. Pues ya sólo faltaría que tuviéramos a la mejor prenda sin lazo.
-Oye, que lazos es lo que le sobra a este vestido. Y mira, todos rojos –protesto sin que se me haga el menor caso.
JL no ha tardado ni cinco minutos en volver con un pañuelo que nuevo no era porque estaba no sólo arrugado sino también con el nudo hecho.
-Toma. Póntelo. O –dirigiéndose a Gustavo, -pónselo -y se ríe.
Me lo pongo.
Hemos almorzado, por este orden: un platico de anchoillas, ajoarriero, toro estofado, magras con tomate, relleno y morcilla, platos excelsos de los que nos servimos con fruición.
Cuando nos íbamos, entra un señor en la cafetería.
-Iván –se dirige al dueño tras la barra. -¿Has visto un pañuelico de
fiestas por aquí? Es que se le ha debido caer al perro y no lo encuentro.
-Tú, so cretino –digo a JL a cierta distancia de la cafetería, cuando no nos podían escuchar. -¿Me puedes decir de donde has sacado el pañuelico que llevo puesto?
-Venga, no seas mal pensada. Pero si te pregunta el del perro, que´s tuyo, eh, que te lo has traído puesto de casa.
-Si me pregunta el dueño del perro, ¡contestaré la verdad!
-Bueno, tú sabrás, pero la que lleva el pañuelico eres tú, eh, yo no quiero líos.
Subí a casa, me cambié de pañuelico con la intención de a la tarde ir al José Luis con el pañuelo del perro y decirle que me lo había encontrado en la calle.
Paso por la tienda para la que coso, dejo ropa, cojo ropa, y a las doce tomábamos café, con picardía, en la Cafetería Koppo.
-Oye –pregunto a Jose el encargado, -¿puedes guardarme un rato esta bolsa con ropa?
-Desde luego, Mariana. Tú, lo que quieras.
Hemos hecho la pesada digestión despidiéndonos de los Gigantes, Cabezudos, y algún camarero con quién estos días habíamos intimado y que por ser último de fiestas también era el de su contrato laboral.
Pasadas las dos de la tarde, tras recoger del Koppo la bolsa con la ropa para coser, Gustavo y JL me acompañan hasta casa.
Encontré a la familia de morros. No sólo porque el tiempo no les ha acompañado, que sufrieron una continua lluvia, ¿Pues qué queríais si es la expo del agua?, sino también porque el Mikel y la Luzi no perdonaban a sus padres haberles sacado de Pamplona el fin de semana de fiestas.
No se había hecho la compra, ellos nada me dijeron y a mí no se me ocurrió, y comimos de sobras: un tomate cortado con maestría para que tuviéramos una rodaja por persona, al que se le añadió unas latas de, espárragos, anchoas, bonito y aceitunas; lo que dejé de mi tortilla de patatas que era menos de la mitad; unas lonchas de jamón; un revuelto con lo que pilló la Ro en el frigorífico...
No fue mala comida, pero hubiera sido mejor si las discusiones no hubieran saltado a la menor excusa, que ya os he dicho que estaba la familia de morros.
Mientras Beltrán se echa la siesta, yo escribo la primera parte de este post que pretendo terminar cuando volvamos de “El Pobre de Mí”.
Los críos se fueron con sus amigos, Madre quedó en casa, que estaba cansada del viaje, dijo, Beltrán, la Ro y yo salimos sobre las ocho hacia las barracas donde cenamos paella, conejo, sangría y melón, antes de ver a las once los últimos fuegos artificiales, de los que salimos con los tímpanos machacados. ¡Que ruido!
Y de ahí a la Plaza del Ayuntamiento para vivir de primera mano “El Pobre de Mí”.
Esperamos durante más de media hora impregnados de un extraño silencio capaz de pervivir entre gritos y cantos.
Una ventana del Ayuntamiento era observada por todos los ojos. Y ocurrió lo que temíamos: se abrió.
Salió la alcaldesa, Yolanda Barcina, conocida en Pamplona como la Barcina, y nos comunicó que los Sanfermines del dos mil ocho habían acabado. Añadió que ya queda menos para que el día seis de julio del dos mil nueve, desde ese mismo balcón, se escuche el viva San Fermín, gora San Fermín.

Mientras todos contestamos vivas y goras como si la vida nos fuera en ello, se me cayó una lagrima más de las derramadas esta noche, que una es muy sensible para estos temas y más esta temporada que como sabéis estoy sumamente tierna.
Y a una sola voz, todos entonamos entre sollozos el himno que marca el final de los Sanfermines, un himno de elaborada letra cargada de simbolismos herméticos cuyo significado es sólo accesibles a iniciados que dice así:
Que s´han acabao las fiestas
Eso sí, se repite cuantas veces se crea preciso, que suelen ser muchas. El cantico se intercala con el grito: “Ya queda menos p´al glorioso San Fermín”.
Hoy, esta bitácora está de luto.






cata dijo
Ohhhh!! Que bonito Mariana, a mi tambien me se cae una lagrimita. Lo vi por la tele, es emocionante.
Y que comida mas chula os habeis marcado en casa ji ji, dieta mediterránea y sin tocar los fogones, eso si, mira que las discusiones en la mesa la afean eh? la gente no tiene consideración.
Y pobre perrillo, le tocan todas, ya lo he visto alguna vez por los post, se va a hacer famoso. Mariana, veo que lo lleva... y planchaico que lo luce. devolviste el pañuelico al can no?
Hoy no puedo quedarme a meterme contigo, que estoy recien comida y con un sueño... me voy a quedar un ratico en el sofá.
Besicos Sanfermineros... pobre de ti.
Cata
15 Julio 2008 | 04:02 PM