(176) VAQUILLAS A DOS DÍAS DEL FIN DEL MUNDO.
Es tentador escribir sobre la Parca estando a dos días del fin del mundo (ver AQUÍ), a lo que, además, me tienta el Gobierno de Zapatero con eso de legalizar el suicidio, tema que he tratado hablando de mi propia muerte (ver AQUÍ).
Pero hoy no, que no me apetece, que mi final suicidado lo contemplo como teoría muy lejana, y creo en verdad que mi fin del mundo se producirá como todos los fines del mundo que en la historia han sido: acompasado a mi última carcajada, que una es así en esto del morir y ya tengo a punto la instancia rogando se me permita que el último hálito evolucione hacia la risa antes que hacia el suspiro; voy a aprovechar mi cita con Tánatos (ver AQUÍ) para dársela en mano. La instancia digo
Pero que no quiero hoy escribir sobre la muerte sino sobre temas más banales, como por ejemplo las vaquillas, también llamadas vacas, a las que tanta tradición hay en Navarra.
Una conocida que fue maestra me enseñó la nota de una madre que decía: “Mi hijo no puede ir hoy a clase porque está en las vacas”. Y no se refería a las vacas domésticas de esas a las que hay que emplear un tiempo en ordeñar, sacar a los prados, preocuparse por su salud incluso psicológica; que menudas conversaciones he tenido yo con la Blanquita, una vaca de la familia con la que tomé confianzas.
No se refería a esas vacas la madre que escribió la nota, no, sino a las bravas, las que sueltan para correrlas en fiestas.
Y que es un problema, seguía doliéndose la maestra, que no entendía cómo los padres daban preferencia a un riesgo, por muy divertido que les pareciera, antes que a los saberes que ella tan vocacionalmente impartía, que además, si fuera una semana, pues mal, pero que en esta escuela de concentración nos vienen alumnos de un montón de sitios, y como en cada pueblo celebran las fiestas cuando su santo patrón les da a entender, y los críos se los recorren todos, pues que nos quedamos con cuatro alumnos mal contaos durante al menos dos meses, que en esta bendita tierra hay fiestas hasta noviembre
-¡Que´s una amargada! –se resolvía el conflicto en los corrillos tras el consejo escolar en los que la maestra exponía el problema que sólo ella veía.
Lo de hablar de vacas viene de que acabo de leer en los papeles que en Cintruénigo, un pueblo de Navarra, una señora de setenta años ha sido empitonada en el perineo (ver AQUÍ).
-Pero si no la he hecho más que citar –se extrañará la señora en la cama del hospital con el culo en pompa.
-Y ¿qué quería usted si la cita? –preguntará cualquier desconsiderado.
-Pero es que m´ha venido enfilada.
-Claro, usted quería recibir un aviso previo con las intenciones del animal.
Y que yo entiendo a la señora, eh, que la supongo habiendo hecho eso toda la vida sin que le pasara nada, presumiendo de sus arrestos ante los nietos y más si son urbanitas, ¡una vaca a mí me va a coger, con lo que tengo andao yo con ellas!, disfrutando de sus minutos de gloria…
Que la ha pillado, y si sale con bien de esta, que saldrá, dios lo quiera, tendrá para contar batallitas con las protagonizar las reuniones tanto familiares como entre amigas. ¿Os he contado cuando me metieron un cuerno por el....? Perineo, abuela, se lo metieron por el perineos. Y no cuente esas cosas que luego los niños no duermen. Saldrá al paso alguna nuera malababa, que sabe nuestro santo patrón san Veroncio que esa no verá ni un duro de la herencia. Y su marido mi hijo tampoco por calzonazos. Pensará la señora corneada mientras un picor en el pirineo le impulsa a contar los males que sufre desde que el morlaco, que de vaquilla a morlaco habrá sido ascendido nada más salir de la anestesia, se lo metió por el... perineo.
Que, pobre mujer, su mayor trauma será no poder lucir la cicatriz.
Y que no sólo, eh, que a poco ingenio que le echen, el mote que le pueden poner por lo ocurrido es de los que aguantan generaciones. Muchas.
Ojalá no le hayan quitado el valor, ni el humor, la veamos otros muchos años citando vacas... y que estas no se lo tomen a mal. .





Preciosidad dijo
Mariana bonita, con el perineo fruncido me ha dejado tu artículo. Pero vamos a ver, ¿no tenía ya suficiente riesgo esta buena mujer para andar a tentar más? Que no es que no entienda lo de los deportes de riesgo, que comprendo perfectamente todo eso de la adrenalina, la emoción, la conquista, el reto... pero que a poco que nos fijemos, tenemos a diario, y sin movernos de nuestros quehaceres cotidianos, un montón de oportunidades de que nos hagan pedazos.
Bueno, la cosa es que salga bien y que pueda contar (sentada) su aventura en las largas noches de invierno.
Un besazo, guapetona, que hoy me tengo que ir corriendo.
PD:
Motes, como tu dices, los que quiera y los que no. Empitonada, Perinea, Astaelculo, Corralillos, Sientaenblando, ...
8 Septiembre 2008 | 09:39 PM