(185) UN PIRCIN PARA MI SOBRINA LA LUZI
La Luzi no sólo a mí me parece guapa por ser su tía, que paseando con ella por la calle he sorprendido alguna mirada dedicada. Además, como es tan alta, pues llama la atención; las minifaldas que se pone no le facilitan el pasar desapercibida, que eso sí son minifaldas y no las pudorosas falditas hasta la rodilla que yo uso cuando estoy animada.
La Luzi se sabe atractiva y es coqueta, que entiende de modas, maquillaje y complementos más que yo de ordeños y cosechas. Lo que ya es entender.
La Luci, lleva un tiempo dándonos la tabarra con que se quiere poner un pircin de esos.
-En la nariz. Una chispica de nada -detalla.
Su padre es contrario a que su hija se taladre los cueros, y este mediodía, antes de que Beltrán llegara de trabajar, la Luzi se ha desahogado con su madre estando yo presente.
-Pero si todo el mundo lleva pircins. Fíjate en mi amiga Maruja que lleva tres. ¡Y ahora se va a poner un aro en el pezón!
-Ya sabes que esas cosas no le gustan a tu padre –contesta la Ro haciendo como que no ha escuchado lo del pezón.
Sabéis que estoy decidida a hacerme un tatuaje, algo permanente, por lo que en teoría debía tener pocos reparos a los pircines esos, pero es que soy visceralmente contraria a esta moda de agujerearse el cuerpo, por muy mucho que si te cansas, o te arrepientes, basta con quitártelo y esperar un tiempo para que se cierre la herida y solucionar el problema, lo que no ocurre con los tatuajes. Pero es que mi oposición no es por higiene o moralidad sino por estética. Que no me gusta.

Cada vez que veo una nariz decorada con algo por muy pequeño que sea, mi primera impresión es que se trata de un moco y me provoca repugnancia. Con el labio y la ceja taladrada me pasa lo mismo, lo recibo como tara, no como adorno.
Hace un rato, cuando se han ido los críos, durante la sobremesa con Beltrán, la Ro ha sacado el tema.
-Tú hija sigue insistiendo en ponerse un pircin en la nariz.
-Que no la vea yo porque no entra en esta casa.
-Dice que todas lo llevan, que hasta su amiga Maruja lleva tres.
-Como si quiere llevar cincuenta.
-Y ahora se va a hacer uno en el pezón.
-¿Quién? -se alarma sobresaltado.
-Maruja, la amiga de la Ro.
El suspiro sin ruido de Beltrán arrastra un silencio incómodo que yo rompo.
-Pues tú de joven poco orgulloso que ibas con tu pendiente.
-¿Qué pendiente?
-El que te ponías todos los fines de semana pa ir a la discoteca.
-No es lo mismo. Además, antes de volver a casa bien que me preocupaba de quitármelo, que si me pilla Padre me desolla como a los conejos. Que´so sí que´ra respeto y no lo que me tienen a mí los críos estos.
-Tenía un pendiente al que afiló el rabillo, y todos los fines de semana se hacía un agujero nuevo porque entre semana se le cerraba el anterior –le cuento a la Ro. –Un día pilló tal infección que gracias a la Margarita que le dio unas hierbas, que´staba todo asustado por si se le caía la oreja. ¿Te acuerdas Beltrán?
La Ro se ríe. Beltrán no, a Beltrán no le hace gracia mi buena memoria para sus anécdotas de joven, y mucho menos que las cuente en familia; si se entera que lo estoy propagando por esto de los Interneses me manda de una patada en salva sea la parte a el Pueblo. Seguro.
-Sólo sería una chispica. Poca cosa –insiste la Ro.
-¿Lo qué? –pregunta Beltrán que había perdido el hilo de la conversación o se hacía el tonto porque no le gustaba el tema.
-Lo de la Luzi, lo de que se quiere poner en la nariz un pircin.
-Que no. Cuando sea mayor que s´haga lo que quiera, pero es muy niña para andar con esas cosas.
-Dieciséis años –puntualiza la Ro.
-Los que sean.
-Y... ¿si mañana nos aparece con uno de esos en la nariz?
-Pues a jodernos y a tragar una vez más –admite Beltrán con gesto de impotencia. –Pero a ti no te s´ocurra darle ideas. ¡Que te conozco!
-Que cosas dices.
¿Qué os apostáis a que antes de que termine el mes la Luzi se nos taladra la naricica?
¡Ay Dios que juventud! ¡Y que pena de nariz! Con lo bonita que la tiene. Tan chatica.







Preciosidad dijo
¡Qué susto con la foto! No me digas más Mariana, así es como ha quedao el Paellas tras el atracón... Pobre... pues como tenga que hacerse un peeling facial, dos días de quitar y poner argollas no se los quita nadie... qué barbaridad.
Es complicado eso de autorizar piercings y tatuajes a un adolescente. Dentro de no mucho me tocará mojarme en este tema y no me apetece nada pensar en ello. No sé, complicado conflicto entre la libertad personal y el sentido común.
Un besote, guapísima.
15 Octubre 2008 | 08:03 PM