(214) AÑO NUEVO ESCOCIDO.
Culpo de mi humillante tortura a que durante la cena de Nochevieja comí algo que me sentó mal.
El caso es que en mitad de la noche he despertado con mi culo, con perdón, escocido. Pero escocido en extremo, eh, que no era molestia sino un insoportable escozor que me impedía el sueño. ¡Que lo tenía, y lo tengo, en carne viva!
Me he levantado y buscado algo que calmase mi parte más carnosa. Miro en el armario de las medicinas y encuentro polvos talco.
Sin meter ruido vuelvo al cuarto donde duermo con Madre, me tumbo boca abajo, despejo de masas mofletudas el camino y arrojo entre nalgas una generosa lluvia de talco.
De inmediato siento un placentero alivio que me hace suspirar satisfecha, un frescor que calma mi escozor. Pero el frescor se incrementa sin freno hasta volverse torturante, hasta volverse ardor, hasta sentir como si me estuvieran introduciendo un ascua entre mis posaderas. Un ardor que me obliga a lanzarme entre gritos hacia la ducha para dedicar un chorro de agua fría a mi más negro agujero.
Ya antes de salir del baño escucho a la familia al otro lado de la puerta, preocupados porque no es habitual en mí el montar escándalos a las seis de la madrugada.
-Mariana, ¿estás bien?
-Sí, ahora salgo.
-¿Qué te pasa?
Lo he tenido que contar, y ver como las caras de preocupación iban adoptando rictus irónicos para terminar desembocando en sonrisa burlona.
Pero todo lo malo puede empeorar. Y lo ha hecho.
-¿Que te has echao polvos talco? Pero, ¿ya tenemos en casa polvos talco? –pregunta la Ro.
-Claro que sí –respondo. –He cogido el bote del armario de los medicamentos.
-¿Dónde está?
-¿Lo qué, el bote?
-Sí.
-En mi habitación. En la mesilla.
-Mikel, trae el bote ese –pide la Ro a su hijo.
La carcajada ha atronado el edificio, que seguro los vecinos nos piden explicaciones.
No me había echado talco sino Devor-olor, unos polvos que utiliza el Beltrán para combatir el mal olor de sus pies.

He escrito este artículo de pie porque no me puedo sentar. Ahora me tiraré en la cama boca abajo, con el culo en pompa, la única postura que soporto este uno de enero, primer día del año dos mil nueve, y por ello también primer escalón de los Sanfermines. Ya sabéis: Uno de Enero, dos de Febrero…
¡Malditas las ganas que tengo ahora de Sanfermines!









elsolterosensible dijo
buenisimo!
1 Enero 2009 | 04:04 PM