(217) LUCIENDO MI CUCU.
Lo primero que hago al levantarme es encerrarme en el baño para darme la crema en mi zona escocida.
La familia lo sabe. Y no pasa un minuto sin que alguien golpee la puerta. Y no sólo los sobrinos, eh, que hasta mi hermano Beltrán y su mujer la Ro se suman al escarnio. Que mentira parece, con lo mayores que son y que anden con esas tonterías.
-Tía, ten cuidado, eh, no te confundas y te des en el culo crema dentífrica.
-Mariana, no me quiero ni imaginarme en qué postura estarás ahora.
-Tía, ¿te ayudo?
-¿Te vale con el espejo del baño o necesitas uno mayor?
-Si vas a afeitarte el culo para darte bien la crema, no uses mi maquinilla, eh, que la estropeas.
Todas las frases terminan con una risotada que supongo fingida, porque los soeces comentarios se repiten, mostrando su falta de creatividad e imaginación.
Claro, salgo del baño de mal humor, mal humor que ellos, inexorablemente, achacan a que “la tía, como está escocida...”
Esta mañana me he esmerado en la limpieza a pesar de que tanto el jabón como el frotar me mortifican, pero tenía cita con el médico y quería ir bien curiosa.
Me ha acompañado la Ro a la consulta. La Luzi se ha ofrecido a venir conmigo, pero me he negado porque no me fiaba, que hasta, supongo que en broma, ha comentado la posibilidad de llevar la máquina de fotos.
Ya en la consulta, no cogía postura en la dura silla de la sala de espera, que tenía “salva sea mi parte”, no sólo sensibilizada por la “enfermedad”, también por el frotamiento con que me he limpiado.
La enfermera era tan mona como seria, que llamaba por los apellidos a quienes esperábamos con un tono, por monocorde, distante.
Al médico no lo he visto hasta que me han pasado a su consulta. Era joven, tanto que he estado a punto de preguntarle si había acabado la carrera, pero dada mi delicada situación no lo he querido incomodar. ¿Atractivo? Joe, ¡como para fijarme en atractivos estaba yo!
Le he contado mi dolencia con un hilillo de voz, sin entrar en detalles que la Ro se ha encargado de explicar.
-¿Devor-olor?
-Sí doctor, Devor-olor.
-Y, ¿porqué esta señora se ha metido Devor-olor por el recto? –se interesa el médico lanzándome miradas reprobatorias.
-No. Por el recto no, por fuera, que algo le sentó mal en la cena de Nochevieja y le salió una alergia en el culo. Quiso echarse polvos talco pero se confundió y se echó Devor-olor –aclara la Ro.
-Vamos a verlo –decide el jovenzuelo presuntamente titulado.
Me manda desnudar detrás de un biombo blanco. Y ponerme una bata que encuentro doblada sobre la camilla. Una bata de las de atarse a la espalda con unas tiritas que no he sido capaz de enlazar. Me he dejado el sujetador, claro, que a ver porque iba a quitármelo si mis pechos no necesitaban inspección; al menos no la que el crío ese ofrecía.
-¿Ya está preparada? –escucho al médico.
-Sí –susurro.
-Bien. Túmbese en la camilla boca abajo.
Recoge el biombo y se acerca el médico y la Ro. ¿A santo de qué, se acerca la Ro?
Yo no digo nada, claro.
-Ábrase el culo –me pide el médico. ¿Es que en la carrera de medicina no les enseñan a tratar con más tacto a los pacientes? ¿A qué viene ese “ábrase el culo” así, a bocajarro?
Yo, como he podido, he apartado “la carrillada” mientras el crío con ínfulas se colocaba unos guantes.
La inspección táctil ha resultado dolorosa pero soportable; más soportable que las miradas de la Ro hacia uno de los lugares más ignotos de mi anatomía.
-Esto está muy afectado. Le voy a recetar una crema que se tendrá que dar tres veces al día, y unas pastillas para que tome también tres veces: después del desayuno, comida y cena. Y que no deje el tratamiento aunque note mejoría –el crío con bata blanca se dirigía a la Ro como dudando de mi capacidad para seguir tan sencillas instrucciones.
Volví a casa sin casi decir palabra, que hasta comprando los medicamentos fue la Ro quien llevó la voz cantante.
-Si quieres, ya te daré yo la crema –se ofrece la Ro cuando me ve entrando en el baño.
-No gracias –le contesto huraña a pesar de que no he sorprendido asomo de burla en su ofrecimiento.
Y aquí estoy, sentada sobre un cojín, vomitando mi humillación en la pantalla del trasto de los Interneses de la Luzi, temiendo que llegue la familia ansiosa de información sobre lo ocurrido en la consulta esa donde he dejado gran parte de mi dignidad; el resto la doy por perdida cuando la Ro cuente al detalle lo que ha escuchado, pero sobre todo lo que ha visto, esta mañana víspera de Reyes.
¡Dios, que empiece de año!








Miller Moreno Cortes dijo
jajajajajajajaja,,, que pecaiton contigo... oye me imagine todo ..literalmente jajaja pero bueno espero que leas las etiquetas de hoy en adelante
5 Enero 2009 | 04:15 PM