(264) AL AMIGO CONVIENE TENERLO CERCA. AL ENEMIGO MUCHO MÁS.
El pequeño de los Toribio, mote con intríngulis porque nadie guardaba recuerdo del por qué se les llamaba así, era un chaval inquieto, que todavía llevando pantalón corto acertaba a pájaros en vuelo con su honda.
Pronto se le quedó pequeño no sólo el Pueblo sino también el Valle, y fue alejando cada vez más sus correrías.
Aprendió de los montes: a coser el pico de los aguiluchos para apropiarse de los conejos y otros animales que sus padres águilas les traían para comer; a pescar truchas, barbos, incluso cangrejos con sus manos, o con nasas que él mismo hacía con ramas; a imitar con hojas el aletear de palomas para atraer bandadas que caían en redes que él también hacía; a poner cepos, trampas y lazos; a usar cuchillo y lanzas contra el iracundo jabalí; donde encontrar los mejores setales, la mejor miel, los más sabrosos frutos silvestres…
En el Valle se sabía que el menor de los Toribio se dedicaba al furtivismo, pero era oficio no mal visto en unos tiempos en los que la vida no era fácil y todos teníamos en la familia a alguien metido en el estraperlo, por lo que no faltaron asilo y mentiras para protegerle de la Guardia Civil que terminó andando tras sus correrías.
Un día lo detuvieron cargando un jabalí todavía caliente, y fue llevado al cuartelillo donde le dieron una tremenda paliza. No tardó en presentarse un señor de los principales en cuya extensa finca el menor de los Toribios cazaba sin licencia. El señor pidió a los Guardia Civiles que después de otra paliza lo presentaran en su mansión, en la que se le ofreció primero comida y bebida, y después una oferta de trabajo.
El menor de Casa Toribio volvió al Pueblo con uniforme porque aceptó el puesto de guarda en la finca del señor principal.
Su cargo no le impidió seguir proveyendo a la familia y vecinos de cuanto estaba a su cuidado, pero el señor principal consiguió que el menor de los Toribio fuera el único que lo esquilmase, pues no sólo conocía el terreno como nadie, también todas las mañas, y ningún otro furtivo fue capaz de burlar la férrea vigilancia que sometió a la finca.
Y es que el señor principal sabía que los mejores guardas rurales son los furtivos rehabilitados.
Es la misma filosofía que han seguido los bancos y otras empresas con los hacker, que han intentado atraérselos como aliados, gobiernos que en vez de anular espías enemigos aprovechan sus conocimientos para convertirlos en espías dobles…
Estoy convencida de que para impedir, o al menos dificultar las malas acciones, es imprescindible aprender del enemigo para mejor contrarrestarlo, y desde esa filosofía no entiendo como la gente se ha escandalizado porque la Universidad Rey Juan Carlos de Aranjuez haya invitado a Julián Muñóz a impartir una Clase Magistral sobre corrupción durante los X Cursos de Verano. Y es que desde mi humilde opinión,
para aprender hay que acudir a las fuentes, a quienes dominan el tema, y pocos como Julián Muñóz se han revolcado tan a conciencia en la miasma de la corrupción.
Sería inteligente aprovechar sus conocimientos, por mucho que nos asqueen, para procurar que no vuelva a ocurrir, o al menos para poner los máximos obstáculos si alguien intenta imitar a tan denigrante personaje.







skpe dijo
Dale dos días más y lo nombran Doctor Honoris Causa...jeje pero en una cosa tienes razón, nadie como ellos para enseñar...un besote y buena noche...
13 Mayo 2009 | 10:18 PM