(269) LA DEPRESIÓN DE LOS CINCUENTA: LA ALDEANA Y EL ABORTO.
En menudo berenjenal me ha metido una amiga preguntando mi opinión sobre el aborto, que ando yo caliente con el tema este, más que nada por la postura de la iglesia; (Ver AQUÍ y AQUÍ).
Primero aclarar que al no tener hijos, por lo que tampoco hijas, me es muy fácil no sólo tener sino también mantener una opinión sobre el aborto.
Veamos: Soy radicalmente contraria al aborto incluso a que éste sea una decisión sólo de la mujer, porque: Si ella decide tenerlo, ¿él debe contribuir a la manutención y ser padre de por vida, con todo lo que eso conlleva aun no queriéndolo tener? Y si es él quien decide tenerlo, ¿ella debe contribuir a la manutención, soportar el embarazo y luego ser madre de por vida, con también todo lo que eso conlleva aun en contra de su voluntad? Y si él dice que no ¿la mujer debe abortar aunque quiera tenerlo? ¿Y al revés? Joe, no como para un comentario ni un artículo, que es tema para escribir varios libros.
Digo que no estoy de acuerdo con el aborto, pero...
Voy a exponer un caso que me he preocupado de buscar en esto de los Interneses para demostrar que semejante obscenidad no está sacada de una imaginación calenturienta:
En Nicaragua, una niña de nueve años quedó no sólo embarazada sino también contagiada con dos enfermedades de trasmisión sexual por una violación. Las enfermedades de trasmisión sexual no podían ser tratadas mientras estuviera embarazada, y tanto el feto como la niña tenían muy grave riesgo de morir, lo que es lógico teniendo en cuenta la situación.
En cuanto se corrió la noticia, fueron muchos los médicos que se ofrecieron a practicarle un aborto, no pocas las clínicas que prestaron sus instalaciones, y varias organizaciones apoyaron esa postura. La Iglesia Católica, por el contrario, y he aquí la obscenidad, amenazó a la familia, médicos, instituciones, y a todo quien contribuyera o defendiera el aborto, con la excomunión. Y no sólo, sino que incluso se atrevió a excomulgar a la pobre niña violada, embarazada y contagiada por enfermedades venéreas.
Ante eso yo, os recuerdo, contraria al aborto, pedí la baja voluntaria de la Iglesia Católica, y lo hice un veintiséis de febrero del año dos mil tres, sumándome a las firmas que lo solicitaban a través de una organización, pero también mandando una carta razonando mi postura al Obispado de Pamplona.
Yo, insisto, contraria al aborto, si tuviera una hija menor y me viene embarazada, sería la primera no sólo en apoyarla si quiere abortar, sino también en convencerla si no quiere hacerlo, y es que las niñas tienen que ser niñas y difícilmente pueden serlo con un hijo.
Sigamos con la peliaguda cuestión que me ha planteado esa amiga que es ni más ni menos: “ABORTO: ¿PODEMOS CONFIAR, COMO DICE ZAPATERO, EN LA JUVENTUD?".
Si, ya, pero...
Conozco varios casos pero dos muy cercanos. Uno en el tiempo, el de una buena amiga virtual cuya sobrina de quince años, con problemas familiares no sólo económicos, quedó embarazada, y por miedo a contárselo a su madre, dejó que el proceso siguiera hasta que ya fue tarde para practicarle un aborto con el que su madre hubiera estado de acuerdo según tengo entendido. Esa niña, si hubiera podido abortar sin el consentimiento materno posiblemente lo hubiera hecho, y el problema, parte del problema al menos, estaría resuelto. Ahora esa niña se enfrenta a un parto de alto riesgo y a una vida marcada sin disfrutar de su niñez, y su familia a una situación que difícilmente puede encarar.
Otro caso es el de una mujer sudamericana que trabajaba en un bar al que solía ir mucho y con quien hice amistad. Ella era una madraza de las de libro, de las que cuidaba de sus hijos como pocas que conozco, y que se los había traído a España para alejarlos de los peligros de su tierra. Bien, pues un día su hija de trece años se le presentó con un embarazo de siete meses, cuando según palabras de la madre, “ya nada se puede hacer”.
Estas dos niñas, y muchísimas más, quizás, si no hubieran necesitado autorización familiar, habrían abortado continuando así con su infancia todavía inconclusa. Infancia marcada por una intervención agresiva, sí, pero infancia. Ahora las dos, y muchísimas más, al no haber interrumpido su embarazo, lo que han abortado ha sido su niñez.
Por lo que, concretando, yo soy firme contraria al aborto, sí, pero...







aha dijo
aha aha
29 Mayo 2009 | 04:49 PM