(295) YO Y MIS DESPISTES.
Puedo describir una conversación casi al pie de la letra décadas después de haberse producido. También el lugar y las circunstancias.
Recuerdo gestos y expresiones añejas, y anécdotas olvidadas por todos. Y hasta el más mínimo detalle de una experiencia o comentario de hace muchos años.
Pero para según que datos soy muy despistada, tanto que siempre he dicho que mi despiste no es enfermedad, pero casi. También que el día que tenga alzheimer, ni yo misma notaré el cambio.
Proclamo mi defecto para que las amistades me excusen cuando no los reconozco por la calle, y muchas veces saludo por si acaso, porque creía que me miraban o su rostro me sonaba a conocido, siendo incontables las veces que me veo obligada a disculparme con un Perdón, me he confundido de persona.
No me quedo con las caras, y cuando me cito con alguien de trato poco asiduo, procuro ir antes al punto de encuentro para que, al llegar más tarde esa persona, sea ella quien se acerque a mí, que no será la primera vez que acudo a una cita en un bar y me quedo hablando con quien no conozco de nada mientras que la persona con quien había quedado me mira con cara pánfila.
Las palabras me esquivan. Es normal en mí que en medio de una conversación describa un objeto, sensación o sentimiento, preguntando como se llaman.
-¿Cómo se dice cuando una persona se contagia del sentimiento de otra?
-¿Empatía? –aciertan a la primera si tengo suerte.
-Eso, empatía.
Y con la palabra ya encontrada sigo mi discurso.
¿Que a qué viene ésto? Pues a que el sábado me llamaron Iñaki y su Churri, que estaban en Pamplona, para tomarnos unos vermutes por la parte vieja de Pamplona.
Tras los vermutes, cuando ya nos despedíamos, no recuerdo por qué pero sí que venía a cuento que les contase un chiste determinado. El caso es que en mitad...
-Joe, no me acuerdo de una palabra –les anuncio. –Y sin esa palabra no hay chiste.
-Pues acuérdate que no nos puedes dejar así –me dijo la Churri.
-A ver si me acuerdo....
Pero no. No me acordé. Y preguntarles por la palabra era destripar el chiste, quitarle toda la gracia.
Es por lo que cuelgo aquí el chiste que no recuerdo a qué venia y que escuché hace poco en la radio:
Una señora entra en un Sex-Shop y pregunta al dependiente dónde están los consoladores.
-En la pared de enfrente –le informa.
La señora se va, mira el muestrario, y vuelve.
-Me llevo el rojo –dice al dependiente.
-No señora, del extintor a la derecha.
Extintor. La palabra que no me salió era “extintor”.








la-cocina-de-samira dijo
Jajja Mariana , que malas jugadas nos hace la puñetera memoria y siempre en el momento mas inadecuado leñe. ...............Ya veo que no es solo a mi a quien le ocurre jeje.........eso sí lo de las caras no se me olvidan, siempre me dicen que valía para detective, porque cara que veo una vez ya no se me despista.
Besinos mil preciosidad de las preciosidades.
Que tengas un feliz comienzo de semana.
21 Septiembre 2009 | 06:57 PM