(296) DESAYUNANDO CON SAGRARIO.
Hoy he desayunado con Sagrario.
Sagrario es una amiga desde cuando ya éramos mujeres pero aun manteníamos rebufos de niñas.
Sagrario era y es guapa, alta. Conserva desde que la recuerdo una melenita titubeante entre el rubio y el castaño. Elegante aun sin pretenderlo. De sonrisa esquiva pero permanente. A Sagrario le encuentro pocas diferencias de entonces a ahora, y eso que de entonces a ahora han pasado más de tres décadas.
Sagrario era de las listas del Pueblo, de las que estudiaban en la capital mientras el resto nos ocupábamos de los animales y el agro, lo que no impedía que si tenía que echar una mano lo hiciera como los demás, que no se le caían los anillos por mancharse; de barro en la cosecha o siembra, de fiemo durante la limpieza de cuadras o abono del campo, de sangre en las matanzas...
Sagrario era socialista cuando en el Pueblo ni sabíamos lo que esa palabra quería decir. Y nos animaba a que nos involucráramos en la transición. Desde una u otra postura, la que fuera, pero que nos involucráramos.
Con Sagrario me quedaba hasta altas horas de la noche hablando de temas que sólo podía hablar con ella, dándole paso franco a mis secretos más íntimos incluso los vergonzantes.
Sagrario me escuchaba, y yo la escuchaba a ella. Nos hablábamos desde el respeto mutuo que se tienen dos seres que no quieren cambiar al distinto incluso a veces contrario.
Mantengo con Sagrario deudas y fidelidades que no se pueden ni se deben saldar. Deudas y fidelidades que nos unirán de por vida, aunque ella ni se lo imagine.
Sagrario terminó la carrera y se fue a trabajar a Barcelona. Volvió al Pueblo en unas vacaciones. Más fina, con aires cosmopolitas, pidiendo para beber café americano. Y volvió a irse. Y a volver y a volver a irse. Hasta que llegó un día que se le perdió la pista durante años.
Me enteré de su boda y divorció. No me extrañó nada de ello. Sagrario tiene suficiente atractivo para conquistar a cualquier hombre, pero es demasiado libre para dejarse atar.
Sagrario ahora trabaja en Pamplona y hemos coincidido varias veces en las que hemos mantenido conversaciones cortas y por ello frustrantes. Con cariño, eso sí, que no lo hemos perdido, pero frustrantes por cortas y faltas de contenido.
Esta mañana, desayunaba en una cafetería cuando ha entrado Sagrario acompañada de quien he supuesto, no sé por qué, que era un compañero de trabajo.
Me ha visto y nos hemos saludado. Poco más. Yo estaba sentada en una mesa y ella se ha ido hacia la barra.
Ella no lo sabe, pero en realidad se ha quedado conmigo, recordando entre suspiros y risas tiempos pasados.
Hoy, he desayunado con Sagrario.









kilifa dijo
joer Mariana...que penita me dá notar que añoras esa linda amistad...pero a veces ocurre...más veces de las que quisieramos.
Además, tres décadas es mucho tiempo...quizás las dos penseis en ello, y ninguna se decide a dar el paso...
porque no te animas? quien sabe, igual te sorprendes!!!
no dejes pasar más el tiempo, llamale e invitala a desayunar!!!
22 Septiembre 2009 | 04:26 PM