(302) DE VUELTA DEL PUEBLO.
El jueves pasado tenía escrito desde el mediodía un artículo en el que os contaba que me iba unos días al Pueblo.
Hace tiempo que no iba al Pueblo, y quería darle una mano a la casa; limpiar, cambiar las sábanas aunque no se hayan usado, darle un fuego a la cocina para calentar la chimenea y que aguante sin agrietarse el invierno, airear las habitaciones, mirar los campos, que aunque los tenemos arrendados hay que echarles de vez en cuando un ojo, hablar con los amigos... Incluso enterarme de los últimos cotilleos, que hay distancias que no se cuentan en kilómetros, y la única manera de achicarlas es a base de roce y palique.
Os decía que tenía preparado el artículo en el que os contaba que el viernes me iba al Pueblo. Y pensaba colgarlo la noche del jueves, pero antes escribí varios comentarios en bitácoras amigas. Cuando quise enviar el último comentario, recibí un mensaje de error.
La conexión estaba bien, que podía acceder a varias páginas, pero no a otras, entre las que estaban La Coctelera y el Correo. ¡Vaya por Dios!
A pesar de practicar la santa paciencia, e intentarlo de nuevo el viernes por la mañana, se me siguió impidiendo entrar a esto de La Coctelera.
Y tuve que irme al Pueblo sin poder avisaros. Ni pediros permiso. Ya perdonaréis.
En el Pueblo me reencontré con quien había sido; una aldeana que vivía no sólo en otro lugar sino también otra época, que no es poco atraso el de no tener en casa electricidad ni teléfono. Además, que tampoco hay cobertura para el telefonico que me compré; ese pequeño sin cables que se puede llevar a todas partes.
A las nueve de la noche a la cama, claro, después de cenar algo a la luz de las velas, que como no tenía aceite para el candil... Y esperar el sueño escuchando en la radio lo que echasen, que tampoco llegan tantas emisoras como para elegir.
Eso sí, me he pasado horas hablando de nada con viejas amistades, con quienes debo tener cuidado, porque, como una ya es señorita cultivada, no quería menospreciarlos comentando en exceso sobre inventos que ya me son cotidianos, como esto de los Interneses, que no pocos de ellos quienes lo ven como producto milagroso cuando no diabólico o mágico.
Como sigue siendo costumbre en mi Valle, nadie que vaya de visita se vuelve con las manos vacías, y menos si como yo es una de ellos emigrada a la ciudad, así que según visitaba y me visitaban, o sorprendían por calles o caminos, fui obsequiada con gran cantidad de fruta embotada, quesos, chorizos, en aceite y frescos, salchichón, vino de la cooperativa, ajos, cebollas, tomates, además de dos conejos, medio cabrito, y un gorrín vivo que espera paciente a que decidamos qué hacer con él porque los sobrinos se niegan a que lo mate…
Tanto me obsequiaron que no podía traerme todo en el autobús, por lo que ayer fui a Casa los Curda, que ya os tengo dicho que en el Valle no tenía cobertura para el telefonico que me compré, ese pequeño sin cables que se puede llevar a todas partes, para llamar por teléfono a Beltrán y pedirle que viniera a buscarme;.
Esta mañana se han presentado en el Pueblo Beltrán y Mikel, y después de echar la última mirada a la casa para ver si se quedaba todo bien y cargar el coche con lo obsequiado, nos hemos venido a Pamplona.
Media hora después, que es lo que se tarda del Pueblo a Pamplona con los coches de hoy en día y sin mucho correr, estábamos en la puerta de casa.
Entre los tres hemos metido todo lo que traía en el portal, y mientras ellos subían a casa yo me he quedado vigilando el coche, que estaba en doble fila con los intermitentes dados, encargada de, si fuera preciso, avisar, a la policía o a quien molestase, que el dueño no tardaría en retirarlo de ahí.
-No tardo nada. Subir esto y limpiarme esta mancha –me dice Beltrán mostrándome un goterón de grasa que le había caído seguro de uno de los chorizos.
Mientras esperaba, y por estar más cómoda, quise meterme en el coche, pero tengo poca maña con las cerraduras pequeñas y no atinaba a encajar la llave.
-Disculpe. ¿Qué está haciendo? –escucho a mi espalda.
-Al volverme me encuentro con un policía municipal.
-Intentando entrar en el coche.
-¿El coche es suyo?
-¡Claro que sí!
El policía me pide las llaves. Y abre la puerta. A la primera.
-Tenga señora, que no era tan difícil –dice con cierto aire de chulería que me molesta.
-Gracias agente –respondo. –Claro que menudo policía está usted hecho, que si le he mentido cuando le he dicho que era mío y lo que quiero es robarlo, encima me ha abierto la puerta.
-¿Es suyo este coche? –vuelve a preguntarme el policía ya con el gesto cambiado.
-El coche es mío –escucho decir a Beltrán que entonces llegaba.
-¿Ah sí? –pregunta con sonrisa aviesa el agente. Y… ¿esta señora?
-Es Mariana, mi hermana, que la he dejado por si molestaba el coche para que avise que bajaba enseguida.
-Bien, bien. Usted señora, el DNI, por favor. Y usted –dirigiéndose a mi hermano, –vaya sacando la documentación. Esto... ¿Se ha dado cuentas de que no le funciona el intermitente trasero? Mire, ese de ahí.
La cosa no ha quedado en eso, que a las multas por lo del intermitente y aparcar en doble fila hay que sumarle la de por tener Beltrán el carné de conducir caducado, y no sé que permiso que Beltrán jura que debía estar en la guantera con el resto de la documentación pero no aparece, y que tiene que presentarlo en un plazo dado en comisaría.
Beltrán no me habla sino es para preguntarme si soy boba o qué remarcando el qué. Y me mira mal.
Yo ya le tengo explicado, varias veces, que la culpa no es mía sino del policía por hacer mal su trabajo, pero ni me escucha.
El resto de la familia se me ríe. Hasta Madre se me ríe. Y me dicen palurda.
¡Con lo tranquila que yo estaba en el Pueblo!











cata dijo
Hola Marianica... dichosos los ojos, ja ja...
Lo primero... Sí, ahora mismito voy y me creo que has ido al pueblo a trabajar... joer que jeta tiés, ja ja ja. Lo que sí me creo es que te fueras a la cama a la hora de las gallinas, que irías cansaica de darle a la lengua too el día con las amigas y al final caíste refrita agotaica, ejemm...
Ja ja ja... vaya, pobre Beltrán... no se te puede dejar sola ni un momento eh? y oyes... el gorrino ¿que lo tienes suelto por casa o que? espero que lo hayas dejado en el pueblo porque sinó vamos a sufrir cuando llegue la hora de la matanza... si por un bogavante armaste la que armaste, no me quiero imaginar lo que pasará cuando le llegue la hora al cerdito... Porque esos... esos si que lloran Mariana, vaya gritos que lanzan.
Bueno, como veo que has tenido un finde estupendo (estamos a miércoles tarde, joer que finde) como que no me voy a meter contigo... a más, que nos quedamos tranquilas, que ya empezábamos a sospechar que te habías largado por los ahíes con un guapo mozo sin contárnoslo.
Besos.
21 Octubre 2009 | 05:32 PM