(305) ENTREGADA A LA MELANCOLÍA.

Esta mañana he coincidido con Gustavo por la calle, lo que es habitual porque su comercio y la tienda para la que coso están muy cerca.
Últimamente, cada vez que nos vemos, me pregunta qué tal las hierbas de infusión que me trajo como presente. Hoy no. Hoy me ha preguntado si todavía me queda. Muy poco. Como mucho para una infusión suave, le he contestado.
-Pues no te preocupes porque te he traído más. Ésta es de otra planta. Te he traído poco porque casi no me ha sacao. Y la planta que queda secando también ha venido con poco cogollo. Y yo que me había hecho ilusiones de que con los calores que hemos sufrido tendría mucha y buena… Ah, ya te he guardado la paja –dice refiriéndose a los restos de su planta con lo que estoy haciendo licor para friegas en las
articulaciones; lo que temo es que por un error no sirva para hacer fricciones, pues en vez de macerar las hierbas en alcohol, las estoy macerado en crema de anís. Lástima, tendré que beberlo.
Como casi eran las once, la hora que JL cierra su tienda para almorzar en la Cafetería Koppo, hemos ido a buscarlo.
-Mira lo que he traído. Es de la planta nueva. ¿Lo probamos en la trastienda?
JL ha cerrado la tienda y lo hemos probado. Yo no le he hecho ascos, que llevaba días con ganas.
Procuro restringir las infusiones al fin de semana. El martes pasado, durante un sorpresivo y brutal ataque de morriña, sentí tentaciones de prepararme una, pero me resistí.
Estoy feliz, eh, digo por lo de la morriña, que si me dicen que volverán los viejos tiempos pasados me llevo un disgusto, pero me entró la morriña de hogar. No es que ahora sienta que no lo tenga, pero añoré el pasado, el legendario, donde una chiquirriquitina con mi mismo nombre corría por él.
Y digo el legendario porque ya se encargó la caprichosa morriña de olvidar los malos momentos para centrarse en lo bueno y ya irrepetible. ¿Por qué añoro esos paseos sabiendo que sus calles están vacías de todo lo que no sea despojo y mugre? ¿A qué viene recordar lo bien que me sentía olvidando penurias e incomodidades?

Bueno, a lo que iba, que el martes me dio un ataque de morriña y de los gordos, y desde entonces estaba con ganas de tomarme una infusión con la intención de abandonarme un rato a la melancolía.
El caso es que esta mañana no le he hecho ascos a lo que ha sacado el Gustavo. Hemos dejado en la tienda del JL tal olor delator que ha decidido no reabrir el comercio durante el resto del día, y quizás influido por las hierbas, hacer del almuerzo una fiesta en honor de San Me Da La Gana.
Hemos comido dos platos de pan con tomate, aceite y bien de jamón, dos cazuelicas de ajoarriero, otras dos de gambas al ajillo, y a cada una de chistorricas, relleno y morcilla. Luego, claro, cafés, y ellos copa de ron y puro; mi café ha sido de los de con picardía.
Nos han dado las cuatro entre comer, beber, que han sido dos botellas de vino, y el mucho reír, que en todo tiene su influencia las hierbas. El Gustavo, para corresponder a la invitación de almuerzo de lujo del JL, nos ha invitado a ir al frontón; Si conseguimos entradas, que hoy hay unos partidos muy buenos.
El JL ha aceptado su propuesta. Yo no, que estaba deseando venirme a casa, vacía porque la familia ha querido aprovechar este buen tiempo para irse a la Casa Rural, y prepararme una ceremonia de melancolía.
He sacado de mi armario la curiosa taza que me recuerda a quien me la trajo de países lejanos en tiempos en los que mi hogar era otro.
La cucharilla que yo misma tallé con madera de un olivo que planté en un rincón de la huerta y que tuvimos que talar porque dañaron sus reíces un desprendimiento.
Dos magdalenas de las caseras que me dio la Margarita cuando estuve en el Pueblo que saben a tiempos pasados, cuando era yo quien las horneaba con tanto amor.
El licor, que no es el que hacía yo con hierbas que buscaba por los montes, menos una que sólo se daba en terrenos que no eran míos y que tenía que recolectar de madrugada con cuidado de que no me vieran.
No, las hierbas del licor que me he servido no son con las que en el Pueblo hacía mi licor. Las hierbas del licor que me he servido son de las que me ha traído como presente el Gustavo, que ya os tengo dicho que he hecho licor.
Me he puesto esta canción con la que me siento identificada, y por un momento he vivido en una fría cueva, rumiando lo que perdí, recordando el sabor a miel ya digerida.
MERMELADA DE MORAS.
Gatos trasnochadores cortejan bajo el balcón.
Canarios de las Ramblas, y un geranio sin flor.
Bailando calle abajo la noche al fin se marchó...
¿Dónde vas, parrandera, si "El Molino" cerró.
"Canción de mañanada": -Serrat en un transistor,
y un coro de vecinas en el patio interior.-
"Canción de mañanada".¡Qué lejos queda Aragón!..
Casa mía entre barzas,¿cómo te olvido yo?...
Mañanita de domingo, como en casa del mayor;
se irán luego a ver al Barça, y yo con la nieta al zoo.
Mañanita de San Jorge, triste sin libro ni flor:
...Cuando pierde a la princesa, ¿para qué vive el dragón?
No lo sé, pero vive, lo mismo que vivo yo,
hasta que un santo bruto nos clave su lanzón.
Vive en su fría cueva, rumiando lo que perdió:
Mermelada de moras, los recuerdos de amor.
Moras del Pirineo, donde nacimos los dos:
a ella la echó un pantano, yo quise algo mejor.
Rueda que rueda el mundo, con él rodando ella y yo...
en este piso oscuro el rodar terminó.
Ojos como moras negras, en la noche de san Juan
un entoldado de estrellas sobre la calle Rosal.
Giró el mundo en su verbena, y giramos sin pensar
que con cada giro, el baile se acercaba a su final.
Mi viejo Pueblo Seco, -donde viví, moriré...-,
sin perder lo que era me hizo barcelonés.
Y ahora, uno de mis nietos va a cursos de aragonés,
anda soplando gaitas... y pretende volver.
Quiere hacerme de la Chunta,-...¡si soy de la C.N.T.!-;
me trae las "Fuellas", el "Rolde", y "El Cruzado aragonés".
¡La de vueltas que da el mundo! ¡Si ella lo pudiera ver!...
El camino que unos hacen, otros lo han de deshacer.
Como cada Septiembre desde que ella no está
subiré a nuestro valle...si me quieren llevar.
Junto a la casa hundida,-por ella y por tantos más-,
¡le escupiré al pantano!,...y lo haré sin llorar.
Despacio, entre las ruinas, cosecharé en el barzal
moras como sus ojos, dulces hasta rabiar.
No es raro que mi hija me las quiera racionar:
-"Padre, esa mermelada con su azúcar va mal."
-...¡Si supieras que al comerla vuelvo a ver la casa en pie,
y en los labios de tu madre una gotita de miel!
¡Ojalá vivas bastante para descubrir por qué
mientras unto mermelada tú eres mi niña otra vez!
...que el recuerdo vuelve tierno hasta el pan duro de ayer.

Pero yo agusto, eh. ¡Mas agustoooo!










cata dijo
Uisshhhhhhh. que veo que te ha dado llorona esta vez... vaya de un melancólico que te te has puesto. Sabes, debe de ser que ya viene Diciembre el mes tonto por autonomasia... yo también ando pelín boba. Pero este año no me va a pillar, he decidido que me salto el mes... me voy a cargar el diciembre del calendario. De mi calendario solo eh? que a los demás les voy a dejar los 31 días enteritos para que los difruten, cada cual a su manera y como mejor les plazca.
Besos y buen finde, con o sin yerbas.
14 Noviembre 2009 | 10:38 PM