(328) BROMA PÓSTUMA DE MIGUEL DELIBES.
No hay que fiarse de las apariencias. Las apariencias engañan. No se debe juzgar un libro por las tapas. Lo importante es el interior.
Estaréis conmigo en que los consejos anteriores son tan sabios como poco practicados. Y es que la gente en su mayoría no busca razones para disculpar sino para lapidar, que un buen cotilleo te convierte en centro de atención, con lo que eso gusta.
Bueno, pues yo he sido la protagonista de un hecho sobre el que seguro se ha chismorreado y se chismorreará. Y razones tienen, no lo niego, aunque estén equivocadas. Equivocadas las razones y también los y las chismosas.
Para más escarnio, ha ocurrido en el autobús urbano que utilizo todos los días. A la misma hora que siempre lo cojo. Es decir, que muchas de las personas que fueron testigos me conocían aunque fuera de vista, y si no he coincidido con ellas hoy, lo haré mañana o sino pasado.
Os cuento.
Hoy hace diez días que murió Miguel Delibes, uno de mis escritores favoritos.
Al enterarme de su fallecimiento, pensé releer como homenaje una de sus narraciones que más me han gustado: “Mujer de rojo sobre fondo gris”. Conservo el libró que leí hará más de quince años. Lo busqué e inicie su lectura.
Tenía olvidado que este libro, -Segunda Edición de Ediciones Destino, Colección Áncora y Delfín, Volumen 677-, tiene un error de impresión; Después de su página ciento treinta, está impreso al revés, por lo que se tiene que girar el libro ciento ochenta grados para seguir leyendo.

El primer día que tuve que leerlo así, al revés, en la Villavesa, que así llamamos en Pamplona a los autobuses urbanos, fui consciente de la particularidad y apoyé el libro en mi regazo para que nadie se diera cuenta, pero el segundo… El segundo día, aturdida por una noche poco dormida, desplegué el libro sin ninguna precaución, y me zambullí en su lectura sin darme cuenta de las caras de sorpresa de mis compañeros de viaje.

Imaginaros la escena: Una señora cincuentona sentada en el autobún prestando toda su atención a un libro abierto al revés. Unos pensarían que soy una analfabeta presumiendo de saber leer. Otros que utilizo el libro como barrera porque me molesta ir rodeada de gente. Habrá quien haya creído que tengo un problema tan importante que obcecada en él no me he fijado como tengo abierto el libro. Alguno habrá deducido que soy una excéntrica. que quiero llamar la atención, que buscaba provocar... No faltará quien me habrá tachado de loca.
Cuando me dí cuenta levanté los ojos y vislumbré varias miradas que se apartaban de mí. Y noté cierta incomodidad en los pasajeros, como simulando haber sido testigos de un hecho vergonzoso.
Y en ese trance, ¿qué hago?, pensé. Desde luego que no podía levantarme del asiento y explicar, a voz en grito a todos quienes en ese momento iban en el autobús, el error de impresión del libro, que si hasta entonces había quien me tachaba de loca, después de eso todos los darían por cierto. Tampoco girar el libro y simular que leía teniendo las tapas al derecho aunque estuvieran las letras de las páginas al revés, porque eso sería dar la razón a quienes pensaban algo raro de mí. No se me ocurrió nada que pudiera hacer.
Faltaba poco para llegar a mi parada. Me levanté del asiento, metí el libro en mi bolso, y toda digna me bajé del autobús.
¡Que piensen lo que quieran!
¡La madre que los parió!












skpe dijo
jeje...`vaya faena y más si estas pendiente del que pensaran...y creetelo, pensarán mal, que reconoce que no es muy normal ver a alguien leer con el libro al revés, perooooo...tambien pueden pensar que eres una superdotada y tu mente es tan habil que lee al reves, no todo es negativo ...Ves ? jejeje...un besoteeeee...eeeetoseb...
22 Marzo 2010 | 10:50 PM