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La Coctelera

MARIANA LA ALDEANA

20 Septiembre 2010

(363) LABORDETA Y EL PLATA.

Poneros a finales del franquismo, mediados los setenta del siglo pasado, tiempos de dictaduras, no sé si más política que religiosa, pero a fin de cuenta de las dos. Viernes Santo para más inri, nunca mejor dicho.

Eran mal vistas las risas y los cantos; Dios estaba en plena agonía, que ya es manía más que sadismo el matarlo todos los años. Los cines cerrados; ni echaban las películas religiosas que en esas fechas monopolizaban las salas de cine. Los bares igual; todos cerraban ese día al menos por la tarde. Ah, y que ni por error se te ocurriera pedirte para almorzar un pincho de por ejemplo chistorra, que además de no servírtelo, era vigilia, te miraban mal. Y chismorreaban.

Y de repente, una de las amigas del Valle, normalmente con el carné de conducir recién estrenado, te proponía ir a Zaragoza. En Viernes Santo. ¿A qué?

¿Que a qué? Pues a por ejemplo de bares, que en Zaragoza sí que abría alguno, o de autopista; ronda ésta que consistía en parar en cada área de descanso con bar de la autopista, ida y vuelta, sin adentrarnos en Zaragoza, que entonces no existía eso de el alcoholímetro.

Pero el súmmum de la transgresión era ir en Viernes Santo al Café Plata, local sito en lo más canalla de Zaragoza: El Tubo.

Sigo añorando ese Café que tanto ha cambiado.

El Plata según lo recuerdo era un local con música en directo, rancio y ya entonces obsoleto. Una gran tasca con un pequeño escenario al fondo, cuya clientela se nutría sobre todo de estudiantes y jubilados viejo-verdes.

El Plata era el reino de la picardía y el doble sentido. El lugar donde los hombres corrían el riesgo de que se le acercara una mujer para invitarlo a que le buscara una pulga que decía tenía por el cuerpo. El sitio donde una mujer podía ser presionada a cantar a dúo con la corista letras que en aquellos entonces enrojecerían a cualquiera, y que de oirlas, sacarían seguro ronchas a don Leandro el cura del Valle.

Lo que no he contado hasta ahora es que las coristas que actuaban ahí no eran sensuales jovencitas sino provectas mujeres que la mayoría ya no cumpliría los sesenta.

Ahora imaginaros las juergas de los jóvenes de aquellos oscuros años de censura y rancio moralismo, cuando esas mujeres les cantaban en plan provocativo: “Pepita a Pepe le dio, de su caja de rapé, un polvo que él tomó y estornudando dijo: Que buen polvo tiene usted” O si en la sala había un calvo: “Que rico pelo tenías ante de quedarte calvo, si yo te pidiera un rizo, mi vida, ¿de donde ibas a sacarlo?” Los viejos tampoco se libraban, claro, que mientras les acariciaban la cara les cantaban: “Un viejo me preguntaba, que cuantos años tenía. Y yo le dije con guasa, ¿usted cuántos me echaría?”

Os hacéis idea de las carcajadas que se podían oír en el local cuando tan venerables señoras cantaban: “Un pajarito se entró, por la ventana de un convento, que contentas están las monjas, con el pajarito dentro”.

En un Viernes Santo de esos, se me acercó la corista para cantarme: “una niña se creía, que el matrimonio no es nada, pero se encontró con algo..., con algo que no esperaba”.

Yo tendría diecisiete años cuando me lo cantó y tuve que digerir el pecado yo sola, que cualquiera se confesaba de eso en Viernes Santo a don Leandro el cura.

Quiero aclarar que El Plata ofrecía humor y picardía, en absoluto morbo o sensualidad. Claro que hablo desde los ojos de la joven que entonces era, que como ya he dicho, parte de la clientela del local eran jubilados que seguro verían en aquellas ancianas, sí, para nosotros ancianas, lujuria y perversión.

¿Que debía ser denigrante para tan añosas coristas representar ese papel? Quizás, pero esta es prevención que puedo considerar ahora; entonces con la inconsciencia de la primera juventud, incluso admiraba el humor, probablemente fingido, que derrochaban.

¿Que a qué viene esto? Esto viene a que se nos ha muerto José Antonio Labordeta, otro símbolo como El Plata de libertad en aquellos tiempos; habrá quien por semejante comparación me crucifique.

A Aragón no se le ha muerto el Labordeta que recordamos porque sigue vivo en nuestro recuerdo y sus versos, frases, exabruptos y canciones. A Aragón se le ha muerto el Labordeta que iba a ser, porque de su cabeza de maño -él más que nadie prueba que maño viene de magno- podía aspirarse a que brotaran mil versos más para escucharlos en su cascada voz monocorde.

Recuerdo a José Antonio Labordeta como reflejo del maño socarrón, empecinado y cascarrabias que todos quisiéramos tener como amigo.

La muerte de Labordeta me ha llevado de nuevo al Café Plata y sus entrañables coristas, a un Monasterio el de Veruela, a ese espectáculo de vértigos que es el Pirineo Aragonés que recorrí un verano memorable junto a una rubita muy guapa que me hizo de cicerone, a canciones que sonaban a antiguo, a extrañas chimeneas, y rondas que probablemente ya no existan; al menos no como entonces.

José Antonio Labordeta trae recuerdos de mis primeras libertades. Va por él este artículo.

Pd. Prometo que mi intención primera era escribir un artículo sobre José Antonio Labordeta y su obra, sólo sobre José Antonio Labordeta y su obra.

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10 comentarios · Escribe aquí tu comentario

www-lacoctelera-com-inaki

www-lacoctelera-com-inaki dijo

Conocí El Plata en sus mejores tiempos...y pienso regresar algún día, aunque sólo sea por recordar mis locos años de adolescente, perdido entre los aromas de aquellas mujeres maduras...Labordeta nunca me gustó como cantante...Aunque conocí a un sobrino suyo que tenía tela...Era miembro del grupo Puturrú de fuá...una pasada...

20 Septiembre 2010 | 09:27 PM

cata

cata dijo

Je je... y dice la Mariana que no está ella vivida... Si hasta te conoces los antros con más solera de Zaragozaaaaaaaaaaaaaaaaa!!! y desde tus años mozos que los has rondado...

Vale! ya veo que tu angelical discursito de siempre es solo una pose-tapadera para encubrir tu verdadero YO...

En cuanto a Labordeta solo me ha interesado en contadas ocasiones, me gustaba su estilo dándole caña a los políticos...

Marianica... y a ver cuando te destapas y nos cuentas TU VERDAD, esa que intuimos y que tímidamente nos desvelas cuando te pilla el escribir baja de defensas, je je.

Besazo, ji ji

21 Septiembre 2010 | 03:17 PM

Mariana la Aldeana

Mariana la Aldeana dijo

Iñaki, el nuevo Plata lo ha cogido Bigas Lunas, y por lo que cuentan es algo surrealista. Yo he pasado muchas veces por su puerta pero no he entrado como protesta por haberlo cambiado; a veces me arrepiento.

En cuanto a Labordeta… la verdad es que como cantante… Vale, cantante no era, que sólo ponía un soniquete a sus poemas.

Yo fui fans de Puturrú de fuá, ¿quién puede olvidar aquel menage a troi?, aunque no sabía lo del sobrino.

Besos, adonis de lo virtual.

22 Septiembre 2010 | 10:25 PM

Mariana la Aldeana

Mariana la Aldeana dijo

Tú me confundes con otra, Cata, jeje. ¿Yo vivida? Que va, en todo caso trabajada, que menudas pachadas de currar m´he pegao con las layas.

En cuanto a lo de Zaragoza…, joe, pa un desmelene que me pego, y encima que me llevaban engañá… Pero que no, eh, que mientras veía esas obscenidades yo me rezaba mi rosario pa no caer en la perdición. Palabrita de niño jesús.

Hablando de Labordeta… Joe, a mí me gustaba y mucho su programa. Y alguno de sus poemas, el de la Libertad se ha convertido con todo merecimiento en himno.

Esto… y si alguien te habla de mí diciéndote que no soy tan pudorosa es que miente, que mi verdad verdadera no es otra sino que soy una humilde aldeana que se asoma con pudor a esto de los Interneses.

Besos, preciosidá.

22 Septiembre 2010 | 10:30 PM

Una ET en Euskadi

Una ET en Euskadi dijo

A mí no me parece una comparación tan loca. Al fin de cuenta estás hablando de libertades, de transgresiones, de reconocimiento de lo que alguna vez no fue reconocido, de lo que te gustaba, de lo que nos gusta.
Hiciste una muy buena descripción de lo que era la picardía y el ambiente de esos bares donde la gente podía parecer más libre.
En Rosario, cuando yo era chica, existía los bares cercanos a la estación de trenes. Allí había una de esas bailarinas, ancianas que bailaba entre el público con un caramelo atado a una soga que le llegaba hasta...ahí mismo cantando "¿Quién me chupa el caramelo?" Debe ser más o menos de la misma época aunque un poco más rancio (como suelen ser los bares cercanos a las estaciones)
Beines aldeanos

23 Septiembre 2010 | 08:47 PM

skpe

skpe dijo

Que recuerdos ya te imaginio con los ojos y la boca bien abierta...jajaja...me ha gustado tu post bonitos recuerdos... hace tanto que no estro que casi no encuentro el camino, un beso guapetona.

24 Septiembre 2010 | 11:26 PM

Mariana la Aldeana

Mariana la Aldeana dijo

Sí que´stán relacionados José Antonio Labordeta y el Café Plata, al menos en mis recuerdos de primeras transgresiones, cuando escuchaba a escondidas a Labordeta, con los nervios de lo prohibido. Parecidos nervios a los que tenía mientras iba en el coche desde Pamplona hacia el Plata.

La libertad ha matado esas suaves picardías. Ahora todo es más grueso, menos sutil. Hoy en día nos reiríamos de esos cantos por candorosos.

No sé si sería más rancio el espectáculo de esa señora la del caramelo que me cuentas, pero te aseguro que el Plata lo era y mucho. Luego terminó siendo famoso y ya en la democracia incluso hicieron alguna gira como la que trajo a Pamplona a sus coristas.

El Plata ha cerrado. Es ley de vida.

Besos aldeanos, guapísima.

26 Septiembre 2010 | 11:25 PM

Mariana la Aldeana

Mariana la Aldeana dijo

Toda escandalizaba que´staba, Skpe, que no sabes qué cosas me hacían de oír.

Y que pues a ver si no olvidas el camino, eh, que´so sí que no te lo perdonaría.

Besos, preciosidá.

26 Septiembre 2010 | 11:28 PM

kiamara

kiamara dijo

Holaaaaaaaaaaaaaaaaaaa
al fin en casita ...
estoy haciendo la ronda para enterarme
como andan las cosas por aqui
bonito lo que cuentas y
la foto una pasada ,
de acuerdo con Cata anda cuentanos tu VERDAD ja ja ja

muchos besiños guapetona

27 Septiembre 2010 | 12:03 AM

Mariana la Aldeana

Mariana la Aldeana dijo

Marita, preciosa, ¿ya´stás de vuelta? No sabes la envidia que me das, poder ver mi añorada ría sentada en ese paseo donde atacan las gaviotas, jeje.

Mi verdá no es otra que la de una humilde aldeana con ansias de ver el mar que se divierte contando aquí sus penalidades, Marita, jeje. Otra cosa son mis sueños.

Besos, preciosa, y bienvenida, ya nos contarás.

27 Septiembre 2010 | 05:33 PM

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MARIANA LA ALDEANA

Pamplona, España
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Me dicen la Mariana, y hasta que las circunstancias obligaron a trasladarme a casa de mi hermano en Pamplona, vivía feliz con Madre en un pueblo del que terminamos siendo sus únicas habitantes. Mi sobrina la Luzi me aconsejó que para no aburrirme escribiera esta bitácora, y aunque al principio no estaba muy convencida, he terminado enganchada a esto. ¡Que inventos! Ah, el diecisiete de Febrero vuelvo a cumplir mis cincuenta años... y sigo mocita. Autor: Julio Luis Ezpeleta

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