(375) MI REGALO DE REYES Y SUS EFECTOS SECUNDARIOS.
Me han traído los reyes una televisión marca OKI de tamaño mediano para ponerla en mi habitación.
Es una televisión de esas planicas que se ve de maravilla. Tiene incorporado lector de CD, tanto para películas como música, y conector USB para grabar programas de televisión.
Como mi habitación no tiene instalada antena, y yo soy una ansiosa, la probé viendo una película. Y llamé a la familia para que comprobara lo bien que se ve.
En la televisión del comedor, una de esas grandes y gordotas, no podemos ver películas. Tenemos dos lectores de CDs; uno es un Home Cinema que le tocó al Beltrán en un sorteo que hicieron en la fábrica donde trabaja, el otro es el de la Play. Pero no funciona ninguno, que el que no se para cada cinco minutos, congela la imagen a voluntad. Al final, tenemos que ver las películas en el ordenador. O no verlas.
La familia, después de comprobar la calidad de la imagen en la película esa que puse, me sugirió que, hasta que compren otra televisión como la mía pero más grande, deje en el comedor la que me han traído los Reyes Magos. Y yo, que remedio, tonta buena que es una, he accedido.

Claro que, ¿qué hacemos con semejante trasto y por trasto me refiero a la televisión antigua? Pues llamar a los Traperos de Emaús, que es la Fundación Social encargada en Pamplona de la recogida selectiva de grandes bultos. Y ya que iban a llevarse la televisión, ¿qué mejor ocasión para que se lleven varias cosas que nos sobran en
casa, como una impresora, un escáner, dos ratones de los de ordenador, una cadena de música, varios mandos a distancia, el aparato ese para ver la TDT que mi televisión la trae incorporada…?
Ayer les llamamos, a los Traperos, y hoy por la mañana han aparecido. Les hemos dicho que se llevaran el montón que habíamos hecho con lo que nos queríamos quitar de casa, y en menos de tres minutos, ayudados por una especie de carretilla que traían, se llevaron todo.
Claro que…
Durante los días en los que ha estado la familia en la Casa Rural esa a la que yo me negué a ir, que para rural yo y para casa la mía la del pueblo, subió una amiga a visitarme, y antes de ayer me llamó para preguntar si se había dejado en mi casa un paraguas.
-Sí, un paraguas y un alargador de pestañas -le contesté.
-Ya creía que lo había perdido. Menos mal porque el paraguas vale un dineral, que es de los buenos.
Después de colgar, analicé el paraguas buscando la razón de su proclamado alto precio. Como marca, lucía una L y una B unidas por la base. También le vi unos brillos como de purpurina en la tela marrón. Y un pulsador grande, que el paraguas era automático.
Si hablo en pasado es porque el paraguas ha desaparecido de casa. Y tenemos sospechas de quién ha sido.
Dejé el paraguas en un lugar discreto del comedor, a mano pero donde no molestara. Casualmente, al lado de donde almacenamos los trastos que iban a llevarse los Traperos, por lo que sospechamos que, creyendo que era otro de los objetos de los que nos queríamos desembarazar, también se llevaron el paraguas.
He llamado a los Traperos, pero me dicen que no figura en el listado de objetos retirados de mi casa. Claro que la lista es la los trastos que por teléfono les di yo cuando llamé para que vinieran a llevárselos.
Les he pedido primero, rogado después, para terminar suplicando, que se esmeren en buscar entre sus trastos el paraguas, pero con los datos que les he dado no lo encuentran.
Me he decidido y presentado en sus locales. Me han enseñado miles de paraguas entre los que he hallado el de mi amiga.
Y ahora, ¿qué hago cuando se pase por casa a recoger su paraguas?
Bueno, me consuelo como la zorra ante las uvas, tampoco era tan amiga.










diasazules dijo
¡¡¡Todo, todo tecnología!
hay que ver que pronto lo que antes era último modelo en poco tiempo se queda atras.
Un besazo
14 Enero 2011 | 09:40 PM