(384) LAS MONJITAS ROBADAS.
He estado vaga en esto del escribir. Y eso que temas no me han faltado, eh, que he empezado como mil artículos que quedaban en eso, en sólo empezados.
Pensaba romper mi ausencia, quizás la más larga desde que estoy en esto de los Interneses, contándoos lo que me ocurrió la semana pasada, que no veáis la que lié, pero lo dejo para el próximo artículo porque la actualidad manda, y ahora lo que está en el candelero es la movida de las pobres monjitas esas que almacenaban en un armario un millón y medio de euros en billetes de quinientos metidos en bolsas.

Lo de las monjitas esas de clausura a las que les han robado millón y medio de euros en billetes de quinientos metidos en bolsas, (ver AQUÍ), me ha recordado lo que le ocurrió a uno del Pueblo hace muchos años, en tiempos de posguerra y hambruna, y por combatirla, de estraperlo y contrabando.
A ese uno del Pueblo le decían el Puño, que no por pendenciero sino porque en cuanto agarraba un céntimo no lo soltaba así lo mataran.
El Puño hizo dinero a base de pasar por la frontera azúcar, harina y medias, y con ese capital montó una tienda de todo en el Pueblo, la primera tienda que hubo. Y digo tienda de todo porque de todo había, y lo que no, lo conseguía en pocos días, fuera como fuera, que en ocasiones no podía aclarar de donde había salido el producto.
Un día, los gritos del Puño despertaron a todo el Valle, y contó a quien le quiso escuchar, y a quien no también, que le habían robado un millón de pesetas.
Cuando llegó el aguacil, perro viejo que sabía de qué pie cojeaba el Puño, y no por oídas sino porque lo había perseguido por los montes no pocas veces, le hizo ver que él, el Puño, no tenía modo de justificar un millón de aquellos tiempos, que si denunciaba que le habían robado tanto, tendría que responder no sólo ante hacienda sino también ante la justicia. El puño se lo pensó dos veces, y cuando fue al juzgado declaró que le habían quitado cuatrocientas mil pesetas.
Volviendo al presente, las monjitas han testificado ante la prensa que les han robado un millón y medio no de pesetas sino de euros. Una cantidad que me impulsa a llamarlas de todo, no por el millón y medio de euros sino por monjitas, de clausura para más INRI, con voto de pobreza, y con tanto muerto de hambre y enfermedad extramuros del convento. Pero no voy a ir por ahí sino por las semejanzas con lo ocurrido al Puño, (ver AQUÍ), que hoy el abogado de las monjitas ha salido en la prensa diciendo que las monjitas se equivocaron, que no fue un millón y medio sino cuatrocientos mil los euros robados; lo que ya es equivocarse.

Yo no digo que las monjitas hayan actuado como el Puño, que no quiero líos, pero de ser así, y yo la ladrona, devolvería quinientos mil euros, quedaría libre de culpa, y me quedaría con el millón. Ah, si el ladrón con un siglo de perdón lee esto, y le inspira, pues que sepa que no despreciaría un porcentaje por la idea.













unsolete dijo
Algo huele a podrido en el convento, serán los billetes... las mentiras también son pecado y lo del voto de pobreza... no te digo na!!!!
El caco ya puede repartir, ya, si hace falta me apunto.
Interesante investigación, si se hace pública. ¡Con la iglesia hemos topao!!!
Un abrazo grandote, ya he visto que andas también algo perezosa para escribir...
Mua!
10 Marzo 2011 | 08:55 PM