(385) SEDIENTA EN LA NOCHE.
No todas ni la mayoría, pero a veces despierto en mitad de la noche con ganas de beber.
Cuando esto ocurre, me levanto, y procurando silencio para no despertar a la familia, voy a la cocina.
Ilumina la cocina el clásico fluorescente con un interruptor que a veces no funciona, y cuando lo hace y enciende el tubo, puede ocurrir que al poco se apague. Doy por probable que sepáis de lo que hablo porque no es el primer fluorescente que conozco con estos caprichos.
A esas horas de la noche, recién despertada, no me suele apetecer beber frío, por lo que me dirijo a un estante donde solemos guardar las botellas que no caben en el frigorífico.
Agarro la botella de zumo de naranja, la agito bien agitada. Cojo un vaso, la vuelvo a agitar, que desde un día que me encontré la boca llena de posos, me he vuelto muy vehemente en esto del agitar, me sirvo un vaso, bebo, y a veces me sirvo otro medio vaso con el que me vuelvo a la habitación para sumergirme de nuevo en el dulce sueño.
Aunque no siempre, porque…
Hace de esto unos días, después de una cena copiosa, me despierto en mitad de la noche con ganas de beber.
Me levanto procurando no meter ruido por no despertar a la familia, voy a la cocina, pulso el interruptor, y el fluorescente curiosamente se enciende a la primera, agarro la botella del estante donde guardamos las botellas que no metemos en el frigorífico, la agito bien agitada, cojo un vaso, la vuelvo a agitar…
Y al mismo tiempo que nace tremendo geiser de mi mano derecha, descubro el error, que la botella abierta, tras agitarla bien agitada, no es de zumo de naranja sino de Coca-Cola. Zero dos litros para más señas. Y aquí no acaba el desastre, que de la impresión, o tal vez a causa del retroceso por la fuerza del chorro, se me cae la botella al suelo… mientras juro en arameo.
Presté atención por si había despertado a la familia, que no, me armé de paciencia, y estuve más de una hora limpiando el suelo y las paredes del pringoso líquido.
No recuerdo si bebí antes de poder volverme a la cama.
Decidí ocultar mi desventura a la familia, que los sobrinos no pierden ocasión para burlarse de mis torpezas, pero tuve que contarlo cuando a la mañana siguiente, durante el desayuno, mi hermano el Beltrán le dijo a la Ro:
-Tendrás que subir a hablar con la vecina. Mira el techo. Están saliendo humedades.
Y es que hasta ahí había saltado “La Chispa de la Vida”.












kilifa dijo
jajajaja
una torpona como yo!!! Vivaaaaaaaaa
ay si yo te contara!!!
Una vez esplotó una cafetera de esas italianas, imaginate como acabó la cocina...meses después aún encontré gotas por sitios que ni te imaginas....y otra vez se me ocurrió poner en un cazo cera para depilarme. apreté a ver si por abajo se derretía, y salió un chorro que ni imaginas...la campana de la cocina se lleno de ese pringue, y aún hoy se vé que los filtros estan embozaditos....
y como esas, mil.
bienvenida al club de las torpes!!! jajaja
besos
15 Marzo 2011 | 08:17 AM