(387) TRATANDO SOBRE PERROS.
El último artículo de la kilifa me ha hecho recordar los tiempos en los que tuve perro. Los tiempos en los que tuve mi último perro, para ser más exactos. Se llamaba Yuk, como muchos de sus predecesores.
Yuk fue recibido con suspicacia en el edificio de mi casa de Pamplona porque era el único y primer perro que iba a habitar ahí. Tanta suspicacia que siendo cachorro, cuando lo encontré abandonado y torturado, varios vecinos me hicieron ver su miedo a que ladrara, o se convirtiera en un animal conflictivo… Todos valoraban la comodidad de un
edificio sin animales y temían que el nuevo huésped rompiera esa paz.
Yuk, de raza Akita, se convirtió, como no puede ser de otra manera dado la dueña que tenía, yo, una persona habituada a tratar con animales, en un perro tranquilo, educado y equilibrado, tanto que con el tiempo se ganó el corazón de todos los vecinos, y la sana envidia de alguno.
No fueron pocas las veces que tuve esta o similar conversación mientras subíamos Yuk y yo en el ascensor:
-¡Que perro tan bonito! –decía él o ella, el vecino a partir de ahora.
-Pues sí, antes hasta me volvía cuando escuchaba por la calle ¡que bonitos ojos! Pero ya he aprendido que siempre se refieren a los del perro –contestaba yo que ya estaba harta de que Yuk con sus claros ojos azules enmarcados en negro me arrebatara todo protagonismo.
-Y que tranquilo es. No se le oye ni un ladrido –seguía alabando el vecino.
-En absoluto, y si alguna vez le escucháis algo, la culpable soy yo porque seguro que lo estoy incordiando.
-Mi hija subió con vosotros el otro día en el ascensor y me vino diciendo que quería un perro.
-Pensároslo bien –contestaba. –Un perro da mucho trabajo. No sólo hay que pasearlo varias veces todos los días, educarlo, recoger sus heces, darle de comer, llevarlo al veterinario… Además hay que pensar en su bienestar. Un perro es uno más de la familia. Un perro ata mucho. No tiene botón para parar. Un cachorro es adorable, pero crecen y se convierten en animales maduros con sus necesidades. Un perro puede ser un engorro cuando llegan las vacaciones o si se va de fin de semana a algún sitio porque no siempre se puede encontrar donde admitan animales. Y se ponen enfermos como las personas. Los perros no son sólo animales adorables. Este por ejemplo, no es sólo un precioso animal, además encontraréis pocos tan dóciles, pero por su raza se le cae el pelo hasta el extremo de que con lo que recojo podría haberme hecho más de un chaqueta. Tengo la casa llena de pelos. ¡Hasta yo estoy llena de sus pelos. A mí me compensa, pero antes de coger un perro hay que tener en cuenta no sólo lo bonitos que son sino en lo que se van a convertir y que hay que cubrir sus necesidades físicas y emocionales.
-Tienes razón –respondía el vecino pensativo.
El resultado es que ninguno de quienes me hicieron ver su intención de comprar un perro lo hizo. No sé si fui demasiado dura con mis juicios, pero estoy convencida de que si de verdad querían tener un perro, mis comentarios no los hubieran hecho desistir sino más bien ilustrado sobre lo que representa sumar un perro a la familia.
Los cachorros son todos adorables, con excepciones como los ratones o palomas, y precisamente la naturaleza
los hace así para provocar empatía. ¿Quién no se llevaría a casa un cachorro de león, tigre, burro, gorila, incluso hiena o facochero. ¡Si hasta los dragones de Komodo son una monada de recién nacidos! Pero crecen. Todos los cachorros crecen. Los perros también. Quien acoja un perro en su casa se tiene que poner en lo peor. No en lo que es sino en lo que será. A muchos nos compensa, aunque no a todos. Pero a todos hay que intentar quitarles las ganas de tener un perro. Así, quien supere la prueba sabrá a que atenerse, se lo pensará dos veces antes de ceder a un capricho o impulso pasajero, y dejará de haber tanto perro abandonado.
La perra que ha adoptado la Kili ha tenido suerte, y mi último Yuk también, pero muchos perros abandonados mueren de hambre, sed, tristeza, atropellados, o ajusticiados en una perrera.
Si vas a tener un perro, piénsatelo dos veces. Mejor tres. Y ponte en lo peor antes de decidirte.








diasazules dijo
Es verdad Mariana que los perros tienen muchas cosas negativas sobre todo si se vive dentro de un piso con ellos pero creo que la compañía que dan supera a todas esas cosas negativas.
Un besazo guapetona
3 Abril 2011 | 08:44 PM